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Descubrí la Verdadera Esencia del Tango: Más Allá de los Pasos de Baile

Descubrí la Verdadera Esencia del Tango: Más Allá de los Pasos de Baile

Nestor Pellicciaro bailando en la milonga

Tal vez te preguntabas: ¿Por qué una Escuela de Tango?

Cuando recibimos a un nuevo alumno en nuestras clases, sabemos que lo que quiere es aprender a bailar. Sin embargo, enseñar a bailar Tango no solo implica mostrar pasos, sino también darle al alumno un sentido de ubicación, hacerle entender que no se puede hacer cualquier movimiento en cualquier momento.

Por eso le damos a nuestros alumnos una comprensión del Tango como un todo. Les hacemos entender que están aprendiendo una cultura.

Algunos dicen que el Tango es una “subcultura”. No estamos de acuerdo. Todos los elementos que se aprenden al estudiar Tango son sustanciales en la sociedad en general y en la cultura mundial. Aprendemos la importancia de nuestro cuerpo como la raíz de nuestra existencia. Aprendemos mucho sobre nuestra interacción con los demás, cómo nuestra felicidad o infelicidad afecta a todos a nuestro alrededor. En resumen, aprendemos que todo lo que hacemos afecta a todos y todo en este mundo.

Comprendemos la importancia de enseñar la belleza del Tango.

En nuestras clases enseñamos casi todos los elementos que podrías tener en tu lista, los que todos los instructores de Tango afirman enseñar. Nombrá tu elemento favorito, hay una gran probabilidad de que lo enseñemos.

Sin embargo, más importante que el elemento en sí es el significado que ese movimiento tiene.

Hace un tiempo, estuvimos en un evento relacionado con el Tango. Estábamos conversando con una pareja. Nos dijeron que habían tomado algunas clases de Tango. Nos preguntaron si en nuestras clases hacíamos cambiar de pareja a nuestros alumnos. Respondimos que sí, pero que no es obligatorio, ya que entendemos que a muchas parejas les gusta permanecer juntas durante la clase.

Nos contaron que estaban aprendiendo “colgadas” en una clase, y que les resultaba incómodo hacer “colgadas” con otras personas.

Bueno, les dijimos que, de todos modos, aprender “colgadas” no tenía mucho sentido porque si iban a las milongas de Buenos Aires, descubrirían que nadie hace ”colgadas” ahí.

Se sorprendieron, un poco incrédulos de nuestra afirmación. Pero como nunca fueron a una milonga en Buenos Aires, no podían confirmar o negar esta afirmación. Pero nosotros sí.

En nuestros más de 30 años enseñando Tango en Buenos Aires y en todo el mundo, hemos descubierto que el principal obstáculo a superar para enseñar a un nuevo alumno son todas las ideas previas sobre el Tango que trae a la clase, y cambiarlas para ayudarlos a entender lo que realmente es el Tango.

Ahora, probablemente te estés preguntando: ¿Qué es el Tango realmente?

Nuestra respuesta es: El Tango es lo que sucede en la milonga. Y cuando decimos milonga, nuestra imagen es la de lo mejor de las milongas más auténticas de Buenos Aires.

Esto es lo que guía nuestra enseñanza, y por eso, junto con otros que persiguen el mismo objetivo, creamos la Escuela de Tango de Buenos Aires.

Abrazamos las Raíces Culturales del Tango

Para realmente apreciar y bailar bien el Tango, uno debe abrazar sus raíces culturales. El Tango es un baile que refleja los paisajes sociales, históricos y emocionales de Argentina proyectados al mundo. La música, las letras, los movimientos, todos estos elementos están profundamente entrelazados con un modo de vida. Comprender los orígenes del Tango proporciona a nuestros alumnos un contexto más rico para su aprendizaje.

El Papel de la Música en el Tango

La música es el corazón y el alma del Tango. Cada nota y ritmo cuentan una historia. Para bailar Tango, uno debe conectarse con la música a un nivel profundo. Esto significa no solo escuchar la música, sino sentirla e interpretarla a través del movimiento. Animamos a nuestros alumnos a escuchar las orquestas clásicas del Tango, a entender los diferentes estilos y a aprender a bailar armoniosamente con la música.

El Aspecto Social del Tango

El Tango es inherentemente social. La pista de baile es un espacio donde las personas se reúnen, se comunican sin palabras y comparten una conexión única. Este aspecto social es crucial para entender el Tango. Aunque no es obligatorio, el cambiar de pareja en clase ayuda a los bailarines a adaptarse a diferentes estilos y construye un sentido de comunidad. Refleja la dinámica social de una milonga, donde los bailarines interactúan con múltiples parejas, mejorando sus habilidades sociales y empatía.

Técnica y Expresión en el Tango

Si bien la técnica es esencial, la expresión es lo que hace que el Tango sea tan atractivo. Cada movimiento en el Tango debe transmitir emoción y contar una historia. Esta calidad expresiva diferencia al Tango de otros bailes. Nos enfocamos en la precisión de los pasos y en ayudar a los alumnos a expresarse a través del baile. Este equilibrio entre técnica y expresión hace que el Tango sea un desafío muy gratificante.

Creamos un Ambiente de Aprendizaje Auténtico

Para que una escuela de Tango sea realmente efectiva, debe recrear la atmósfera de una auténtica milonga. Esto implica más que enseñar pasos: incluye fomentar un sentido de comunidad, animar a la inmersión cultural y promover los códigos y las costumbres del Tango. Al crear un entorno que refleja las milongas de Buenos Aires, nuestros alumnos experimentan la verdadera esencia del Tango.

Tango y Vida

Aprender Tango es una empresa de por vida. Siempre hay más para aprender, refinar y experimentar. La alegría del Tango radica en sus infinitas posibilidades de crecimiento y descubrimiento. Inculcamos en nuestros alumnos el amor por este aprendizaje continuo, alentándolos a explorar, experimentar, crear y profundizar continuamente su comprensión del baile.

Conclusión

En suma, la esencia del Tango radica en su rica herencia cultural, música, dinámica social y potencial expresivo. Nuestra escuela de Tango de Buenos Aires tiene como objetivo impartir habilidades técnicas, así como profundidad artística y emocional al baile. Al hacerlo, ofrecemos a los alumnos una experiencia verdaderamente transformadora que va más allá de la pista de baile y resuena en sus vidas cotidianas.

La creación de la Escuela de Tango de Buenos Aires es un testimonio de este enfoque holístico, asegurando que el verdadero espíritu del Tango se preserve y celebre para las generaciones venideras.

El Tango te espera. Vení a nuestras clases.

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Las letras de tango y su relación con el baile

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Marcelo Solis and his brother Carlos enjoying breakfast at an outdoor café in Buenos Aires. Marcelo, on the left, captures the moment with a selfie, featuring his light brown hair and a slight smile. Carlos, on the right, appears cheerful with white hair, enjoying the morning. Their table hosts a delightful breakfast setup with a teapot, coffee, and a visually appealing avocado toast topped with sprouts and cherry tomatoes. The scene portrays a warm, casual family moment.

Este artículo da inicio a una serie de artículos sobre las letras de Tango.

Quiero dedicarlo a mi hermano Carlos Daniel Solís, recientemente fallecido el 28 de abril de 2024, a los 56 años. Que en paz descanse.

Inicialmente, es crucial discutir si es necesario comprender las letras de Tango para bailarlo adecuadamente.

Enrique Santos Discépolo, autor de muchos Tangos geniales.

Cabe destacar que los compositores de tangos siempre han realizado un gran esfuerzo en fusionar adecuadamente la letra con la melodía. Un ejemplo claro es Enrique Santos Discépolo, quien se caracterizaba por su meticulosidad y podía dedicar años a perfeccionar un solo tango.

Por ende, podemos concluir que la música del Tango tiene como objetivo resonar con las emociones ya expresadas en sus letras, y viceversa.

Esto indica que no es indispensable entender cada palabra para sentir su impacto emocional. Al bailar un tango, generalmente no nos enfocamos en las letras, dado que es complicado prestar atención tanto a la poesía como a los elementos técnicos y emocionales del baile simultáneamente. 

Por ello, si nuestro interés es profundizar en la poesía de las letras, lo ideal sería escuchar el tango sin bailar. No obstante, conocer la letra de un tango antes de bailarlo puede enriquecer significativamente la interpretación del baile, no solo para ese tango en particular, sino además aportando a nuestro entendimiento del Tango como un modo de apreciar la vida humana, estimando nuestra existencia desde las valoraciones de las personalidades que vivieron y fueron parte integral de este fenómeno llamado Tango, que tuvo su mayor auge en los años 40 en el Rio de la Plata.

Las letras de tango a menudo reflejan las repercusiones que produce perseguir nuestros deseos más extremos, advirtiéndonos sobre las posibles consecuencias de esta empresa exuberante. Observando desde la perspectiva involucrada y sin embargo distante, como la de un musicalizador de la milonga, desde su cabina, contraponen a los sentimientos de nostalgia y tristeza que transmiten, la viva excitación que se experimenta en la pista de baile. Estas letras también exploran la creencia en una especie de ficción colectiva, donde se presume una comunidad en la que nos valoramos mutuamente. Este ideal nos atrae, en parte porque tememos a la soledad. A través del Tango, es posible percibir las esencias y personalidades de los bailarines simplemente observando sus movimientos y sus cuerpos en la danza.

Bailar Tango es también un acto de orgullo y maestría. No es un baile para los tímidos o culpables; no es para aquellos que desean ocultarse. Quien baila Tango no necesariamente busca ser el centro de atención, pero entiende que una buena ejecución inevitablemente atraerá miradas. Este fenómeno se ve no como una búsqueda de validación, sino como un obsequio, una ofrenda de belleza para aquellos espectadores que saben apreciarla sin envidia ni resentimientos.

Para profundizar en el entendimiento del Tango a través de sus letras, es útil explorar aquellas que se refieren al Tango mismo y a su baile.

Interpretación de la letra del tango “Que me quiten lo bailao”

Letra y música de Miguel Bucino, 1942, en la versión de Ricardo Tanturi y su Orquesta Típica, cantado por Alberto Castillo, grabado en 1943.

Escuchar “Que me quiten lo bailao”

“Mano abierta con los hombres, y derecho en cualquier trance,
tengo dos pasiones bravas: el tapete y el licor…
Bailarín de buena escuela, no hay milonga donde sobre,
unas veces ando pobre y otras veces soy señor.
¿Qué querés que le haga, hermano? ¡Si es regalo del destino!
¡Si el afán de ahorrar dinero nunca ha sido mi virtud!
Me electrizan las burbujas y los ojos femeninos
¡desde aquellos dulces días de mi alegre juventud!

Pero yo no me arrepiento
de aquellos lindos momentos
que en la vida derroché.
Tuve todo lo que quise…
y hasta lo que yo no quise,
la cuestión que disfruté.
Mi conducta fue serena,
yo fui pródigo en la buena
y en la mala me encogí.
Fui magnate y vagabundo
y hoy conosco tanto al mundo
que prefiero ser así.

¡Qué querés que le haga, hermano! Yo nací pa’ morir pobre,
con un tango entre los labios y en un tute entreverao.
Juego, canto, bebo, río… y aunque no me quede un cobre,
al sonar la última hora… ¡que me quiten lo bailao!”

“Que me quiten lo bailao” es una frase popular del idioma castellano que expresa la satisfacción de disfrutar de las experiencias vividas, independientemente de las consecuencias futuras. La letra y música de esta pieza, creada por Miguel Bucino, encapsulan esta filosofía de vida a través del lente del Tango.

La letra podría interpretarse como una celebración de la libertad y el placer encontrados en el baile del Tango, sugiriendo que, una vez vividas, estas experiencias son inalienables, un tesoro personal que no puede ser arrebatado por circunstancias externas o el paso del tiempo. En el contexto del tango, esta expresión adquiere un matiz de desafío y desapego, características resonantes con la naturaleza emocionalmente intensa y a veces melancólica del género.

El Tango es una expresión artística que permite a los bailarines y oyentes conectar con emociones profundas, y “Que me quiten lo bailao” sirve como un himno a vivir plenamente y sin arrepentimientos, reflejando una aceptación gozosa de todo lo que la vida tiene para ofrecer, a pesar de sus inevitables altibajos.

A classic image of Miguel Bucino and Tita Merello dancing tango in a scene from the movie

Miguel Bucino, nacido el 14 de agosto de 1905 en San Cristóbal, Buenos Aires, inició su carrera musical tocando el bandoneón. A los 17 años se unió brevemente a la orquesta de Francisco Canaro en 1923, quien lo despidió por considerarlo un mal músico y lo animó a dedicarse al baile, una vocación para la que mostró un talento natural.

Bucino debutó profesionalmente en el Teatro Maipo en 1925, y su carrera como bailarín despegó rápidamente. Viajó con Julio De Caro a Brasil en 1927 y realizó giras por Argentina con el espectáculo “Su Majestad El Tango”. Fue pionero al bailar tango en el Teatro Colón en 1929 y continuó su carrera en Europa en 1931, actuando en ciudades como Madrid y París. Participó en varias temporadas teatrales con figuras como Francisco Canaro y Ivo Pelay, enseñando tango a personalidades de la realeza y celebridades de Hollywood como los príncipes Humberto de Saboya y Eduardo de Windsor, así como a los actores Ramón Novarro y Jorge Negrete.

Aunque inicialmente no tuvo éxito como músico, Bucino sobresalió como compositor de tango, registrando entre 60 y 70 obras, incluyendo éxitos como “Bailarín compadrito” y “Que me quiten lo bailao”.

Bucino se retiró en 1942 y falleció en Buenos Aires el 15 de diciembre de 1973, dejando un legado duradero en el mundo del Tango tanto como bailarín como letrista y compositor.

Aquí podemos verlo bailar un tango con la celebrada actriz y cantante Tita Merello en la película “Noches de Buenos Aires”:

Escuchar un tango es interpretarlo de forma personal. El Tango se siente por dentro. Nuestra interioridad, con todas nuestras experiencias, emociones, represiones y más, escucha ese tango, esa letra con música, y lo recrea de muchas formas. Algunas interpretaciones se vuelven habituales y así se mantienen, llegando a ser como traducciones de lo dicho para todos en lo que creemos escuchar.

Siguiendo esta idea, que creo que comparten los que aman el Tango, propongo una forma de entender este tango, aunque aclaro que no busco ser objetivo ni definitivo.

Esto es lo que mi vida, mi baile, escucha en este tango:

El primer verso “Mano abierta con los hombres, y derecho en cualquier trance” sugiere una visión de la masculinidad basada en la integridad y la equidad. La frase “mano abierta” puede interpretarse como un símbolo de generosidad y transparencia en las relaciones con otros hombres, indicando una disposición a tratar a los demás con justicia y sin secretismos. Por otro lado, “derecho en cualquier trance” resalta la importancia de mantener una conducta recta y honorable, independientemente de las circunstancias. Juntas, estas expresiones abogan por una masculinidad que se apoya en la confianza mutua y en el respeto a los códigos de conducta que aseguran la igualdad y la dignidad entre las personas, sin recurrir a excusas basadas en factores externos como la posición social, la economía, o condiciones biológicas o psicológicas. En esencia, propone un ideal de masculinidad que valora y promueve la nobleza en el trato hacia los demás, subrayando la responsabilidad personal sobre las influencias deterministas.

El segundo verso “tengo dos pasiones bravas: el tapete y el licor…” ilustra claramente la intensidad y la entrega con la que el personaje vive sus emociones: el azar cósmico al que enfrentamos nuestra voluntad, intentando desviar su curso para cumplir nuestros deseos, utilizando el entusiasmo vital como una forma de evaluar nuestra existencia. Esta línea resalta cómo el personaje se enfrenta a ese azar e incertidumbre de la existencia humana, no con temor o precaución, sino con una voluntad férrea de inclinar los acontecimientos a su favor y satisfacer sus deseos profundos. El “entusiasmo vital” mencionado se convierte en su baluarte contra la mundanidad y la monotonía, usando su fervor por la vida como una manera de medir y afirmar su existencia. En este contexto, el verso no solo refleja una declaración de afirmación de una vida ordenada desde el valor ético y estético de las emociones sino también una filosofía de vida que abraza plenamente la incertidumbre y el entusiasmo como elementos esenciales de la experiencia humana.

El tercer verso “Bailarín de buena escuela, no hay milonga donde sobre,” no solo habla de la maestría técnica adquirida a través del estudio y la práctica guiada, sino también refleja el respeto y la admiración que el bailarín genera en la comunidad del tango. En esencia, el verso celebra el logro de la excelencia y la elegancia en el baile, que solo es posible a través de la elección de buenos mentores y un compromiso inquebrantable con el aprendizaje continuo.

Tanto el acto de bailar como la milonga se utilizan metafóricamente para hablar sobre la vida en general y cómo nos desenvolvemos en ella. Aquí, el “bailar” simboliza cómo nos movemos y reaccionamos a los diferentes ritmos y desafíos que la vida nos presenta. Ser un “bailarín de buena escuela” implica haber aprendido y dominado las habilidades necesarias para navegar estos desafíos con gracia y competencia, tanto a través del esfuerzo y la determinación individual, como por la elección de “buena escuela’, es decir, buenos guías.

La “milonga,” un lugar donde se baila el Tango, representa las diversas situaciones y entornos que encontramos en la vida. Decir que “no hay milonga donde sobre” sugiere que el bailarín, gracias a su preparación y habilidad, puede adaptarse y destacarse en cualquier contexto o situación que la vida le presente, nunca siendo redundante o inadecuado, sino siempre siendo una adición valiosa.

Esta metáfora extiende la idea de que, al igual que un bailarín de Tango entrenado en una buena escuela, una persona que está bien preparada por sus experiencias y educación puede enfrentar eficazmente cualquier circunstancia de la vida. Los logros y el reconocimiento del bailarín son paralelos a los éxitos que una persona puede alcanzar en su vida personal y profesional cuando está bien preparada y puede adaptarse fluidamente a diferentes situaciones, mostrando que la preparación, el aprendizaje continuo y la adaptabilidad son claves para el éxito en la vida, tal como lo son en el baile.

El verso cuarto “unas veces ando pobre y otras veces soy señor” refleja la aceptación de las fluctuaciones de la fortuna a lo largo de la vida, reconociendo cómo las circunstancias pueden cambiar entre extremos de riqueza y pobreza. Esta frase encapsula la realidad de que no siempre podemos controlar los factores externos que afectan nuestra posición económica y social.

Esta aceptación no se centra solamente en la realidad económica, sino también en una filosofía de vida que valora otras riquezas que no son materiales. La frase indica que el individuo no mide su valor o éxito exclusivamente a través de la riqueza material (“ando pobre”) ni permite que los momentos de abundancia definan completamente su identidad (“soy señor”). En su lugar, la persona se adapta y continúa valorando la vida y sus experiencias más allá de la riqueza material.

Así, el verso sugiere un enfoque equilibrado y maduro hacia la vida, donde se toma con gracia tanto la adversidad como la prosperidad, destacando la importancia de la resiliencia y la capacidad de mantener la dignidad y el autorespeto independientemente de las circunstancias económicas. Esta perspectiva puede ser especialmente poderosa en contextos como el Tango, donde el arte y la expresión personal a menudo se valoran más que la riqueza material.

El verso quinto “¿Qué querés que le haga, hermano? ¡Si es regalo del destino!” expresa una actitud de aceptación hacia las circunstancias de la vida que están fuera de nuestro control, viéndolas como parte de un destino predeterminado o de la suerte que simplemente nos toca vivir. Este enfoque refleja una filosofía de vida que acepta los altibajos con serenidad y gratitud, reconociendo que lo que nos sucede, ya sea positivo o negativo, puede ser visto como un “regalo del destino”.

Esta perspectiva invita a abrazar la vida tal como viene, sin resistirse a las eventualidades sino recibirlas con alegría y optimismo. Al considerar los acontecimientos como regalos, se enfatiza la idea de que hay un valor inherente en cada experiencia, independientemente de su naturaleza aparente. Esta actitud no solo fomenta un sentido de paz interior y satisfacción, sino que también permite afrontar los desafíos con mayor fortaleza y mantener una disposición positiva frente a la incertidumbre.

En resumen, este verso destila la esencia de vivir con una aceptación gozosa y una fe tranquila en que, de alguna manera, lo que la vida nos entrega tiene su propósito y valor, enseñándonos a valorar cada momento como un regalo inesperado y a menudo inmerecido, pero siempre significativo.

El verso “¡Si el afán de ahorrar dinero nunca ha sido mi virtud!” refleja una autenticidad en la elección personal que se aleja de las normas convencionales sobre la acumulación de riqueza y frugalidad, características que la sociedad suele valorar y promover. Esta línea revela una franca aceptación de las propias inclinaciones y características, incluso cuando no se alinean con los ideales socio-económicos predominantes.

Esta expresión es un reconocimiento de que la persona no se define por la acumulación de capital, sino que prioriza otros aspectos de la vida que considera más valiosos o acordes con su verdadera naturaleza. Aquí, la virtud no reside en el ahorro de dinero, sino en la capacidad de vivir de acuerdo con lo que uno considera esencial para su felicidad y plenitud, aunque esto pueda desviarse de lo que es comúnmente aceptado o esperado.

Por lo tanto, el verso no solo comunica una elección de vida personal, sino que también desafía las normativas sociales sobre el éxito y la seguridad económica, enfatizando que el verdadero valor y la riqueza de una persona pueden residir en su autenticidad y en cómo elige vivir su vida según sus propios términos y valores.

Los versos “Me electrizan las burbujas y los ojos femeninos / desde aquellos dulces días de mi alegre juventud!” expresan una apreciación continua y vibrante por las alegrías y los estímulos de la vida, particularmente aquellos relacionados con el entusiasmo y la seducción. “Las burbujas” pueden referirse tanto al champagne, simbolizando momentos de celebración, como a pequeñas intensas alegrías que surgen en la vida cotidiana. “Los ojos femeninos”, por su parte, representan la excitación provocada por la seducción de la belleza, elementos que continuarán despertando pasión y entusiasmo a lo largo de la vida.

Estos elementos no solo son disfrutados en la juventud, sino que persisten como fuentes de energía y entusiasmo a lo largo de toda la vida, destacando la importancia de mantener una perspectiva joven y vigorosa, incluso ante el avance de la edad. Esta actitud subraya el valor de preservar la capacidad de asombro y de disfrute frente al mundo, una actitud de resistencia frente a la decadencia que trae el tiempo por sí mismo.

Por lo tanto, estos versos propician el mantenimiento de una actitud joven frente a la vida y su inevitable decadencia, animando a apreciar y buscar aquellas cosas que nos hacen sentir vivos y conectados, apreciando las cosas que nos electrifican y enriquecen nuestra experiencia de vida, a pesar de los cambios y desafíos biológicos que naturalmente se presentan, e instando a propiciar una perspectiva fresca y corporal.

Los versos “Pero yo no me arrepiento / de aquellos lindos momentos / que en la vida derroché” expresan una firme aceptación y valoración de las experiencias vividas, incluso aquellas que podrían considerarse como un derroche desde una perspectiva más conservadora o materialista. Esta postura rechaza la noción de que el tiempo debe ser siempre invertido productivamente en el sentido económico, y en lugar de ello celebra la riqueza de las experiencias en sí mismas por el conocimiento que aportaron.

Este punto de vista implica un reconocimiento de que la vida no debe juzgarse únicamente por los resultados tangibles o acumulativos, como el dinero o los bienes, sino también por los momentos de felicidad y plenitud personal, independientemente de su “utilidad” económica. Al decir que no se arrepiente de esos momentos “derrochados”, el hablante abraza completamente su pasado y las decisiones que tomó, viéndolas como esenciales para su propia historia y desarrollo personal.

Esta actitud también sugiere una generosidad hacia uno mismo y hacia la vida, una voluntad de vivir plenamente y sin reservas, reconociendo que cada experiencia, por efímera que sea, enriquece nuestro ser y contribuye a la plenitud de nuestra existencia. Al liberarse de la presión de tener que justificar cada momento de la vida en términos de ganancia material, el hablante invita a valorar la vida por la calidad de sus experiencias y las emociones que evocan.

Los versos “Tuve todo lo que quise… / y hasta lo que yo no quise, / la cuestión que disfruté” reflejan una perspectiva de vida ampliamente receptiva y abierta a todas las experiencias, tanto las buscadas activamente como las inesperadas o no deseadas inicialmente. El hablante aquí destaca que independientemente de si los acontecimientos fueron anticipados o no, él encontró una forma de disfrutar y encontrar valor y sabiduría en cada uno de ellos.

Esta actitud sugiere una adaptabilidad y una capacidad para encontrar satisfacción y conocimiento más allá de las circunstancias específicas. La línea “Tuve todo lo que quise” indica que el hablante se permitió perseguir aquello que deseaba, movido por sus propios valores e intereses, lo cual es una manifestación de vivir auténticamente y en consonancia con los propios deseos. Sin embargo, al admitir “y hasta lo que yo no quise”, reconoce que la vida también implica enfrentar situaciones no elegidas, y que incluso estas pueden ser fuente de disfrute, aporte a nuestro saber sobre la vida, y crecimiento personal.

Este enfoque de vida no solo promueve una visión positiva y optimista, sino que también encarna una filosofía de aceptación y gratitud. Reconoce que aunque no siempre podemos controlar lo que nos sucede, sí podemos controlar nuestra respuesta a ello, eligiendo disfrutar y apreciar cada momento por lo que puede ofrecer. Así, el hablante demuestra una profunda satisfacción con su vida, sintiendo que cada experiencia, deseada o no, ha contribuido a su plenitud y sabiduría. Esta manera de vivir resalta la importancia de estar abierto a la vida en todas sus formas, viendo cada evento como una oportunidad para enriquecer nuestra existencia.

Los versos “Mi conducta fue serena, / yo fui pródigo en las buenas / y en la malas me encogí” reflejan una actitud consciente y equilibrada frente a las variadas situaciones de la vida. Aquí, el hablante se presenta como alguien que mantiene la calma y la serenidad (“Mi conducta fue serena”), lo que sugiere un enfoque reflexivo y maduro al manejar tanto los tiempos de abundancia como los de adversidad.

El ser “pródigo en las buenas” indica generosidad y apertura durante los momentos favorables, compartiendo libremente sus recursos y alegrías con los demás. Esta generosidad no solo es material sino también emocional, reflejando una disposición a disfrutar plenamente y sin reservas los buenos tiempos.

Por otro lado, “en las malas me encogí” muestra una actitud de prudencia y modestia en tiempos difíciles. Esta frase puede interpretarse como una reducción en la ostentación o en el gasto, una contención en su comportamiento para enfrentar mejor las épocas de escasez o desafío. No necesariamente implica rendirse o retraerse completamente, sino más bien una adaptación prudente a las circunstancias menos favorables.

En conjunto, estos versos encapsulan la sabiduría de vivir de acuerdo con las circunstancias, sabiendo cuándo extenderse y cuándo conservar recursos. El hablante muestra una comprensión de sus propias capacidades y limitaciones, y actúa de manera que mantiene un equilibrio sostenible a lo largo de su vida. Esto demuestra una filosofía de vida que equilibra la generosidad y la cautela, permitiendo al individuo navegar por los altibajos con gracia y dignidad.

Los versos finales “¡Qué querés que le haga, hermano! Yo nací pa’ morir pobre, / con un tango entre los labios y en un tute entreverao. / Juego, canto, bebo, río… y aunque no me quede un cobre, / al sonar la última hora… ¡que me quiten lo bailao!” encapsulan una declaración de aceptación y celebración de la vida según los propios términos del hablante, desafiando las normas sociales que valoran la acumulación de riqueza material como indicador de éxito y realización personal.

Este fragmento revela una profunda resignación y a la vez alegría en el estilo de vida elegido por el hablante, uno que prioriza la experiencia sensorial y emocional —el baile, la música, el juego, el canto— como fuente de sabiduría, por sobre la seguridad financiera. “Yo nací pa’ morir pobre” no solo acepta sino que también abraza una existencia libre de las ataduras y preocupaciones que conlleva la riqueza material, sugiriendo que hay una riqueza mucho más profunda en las experiencias de la vida y en la autenticidad personal.

“Con un tango entre los labios y en un tute entreverao” simboliza vivir con pasión y estar inmerso en la cultura y las tradiciones que dan sabor y significado a la vida. Estas actividades, ricas en cultura y comunidad, ofrecen un contrapunto a la vida guiada por el materialismo.

El verso “Juego, canto, bebo, río… y aunque no me quede un cobre” refuerza la idea de que la verdadera felicidad, satisfacción, y sabiduría vital provienen de vivir plenamente, con alegría y sin remordimientos, independientemente de la situación financiera. La frase final, “¡que me quiten lo bailao!” es un dicho popular que significa que nadie puede quitarle a uno las experiencias vividas, destacando que lo que realmente valoramos al final de nuestros días son esos momentos vividos y el saber que nos han legado, no los bienes acumulados.

Estos versos son un himno a una vida vivida con autenticidad y pasión, un recordatorio de que al final, cuando “suene la última hora”, lo que cuenta son las alegrías, experiencias, y saber que hemos acumulado, no el dinero. La vida, según el hablante, está para ser vivida plenamente y con una aceptación gozosa de nuestro destino, encontrando belleza y significado en el arte, las experiencias compartidas, y la sabiduría obtenida, más que en la riqueza material.

Cada momento queda así plenamente justificado.

Moriremos en paz con nuestro deseo, habiendo encontrado nuestra propia respuesta a la pregunta sobre cómo vivir.

El Tango te espera. Vení a nuestras clases.

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“Garúa” por Pedro Laurenz y su Orquesta Típica, canta Alberto Podestá; 1943.

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Enrique Cadícamo, poeta y letrista de nuestro Tango. Retrato autografiado.

Enrique Cadícamo

Poeta, letrista, compositor, escritor y autor teatral (15 julio 1900 – 3 diciembre 1999)

Difícil se hace encontrar un autor tan prolífico dentro de cualquier cancionero del mundo; abordó cuanto tema imaginable para ser cantado y en todos los ritmos.

«Muchacho eterno —escribió León Benarós—, Cadícamo parece ir a contramano de los años. Conserva incólume su cabellera, de un rubio pálido, que se le hace cuadrada en la nuca con cierta abundancia a la moda juvenil… Usa corbatas claras —alguna vez le vimos una de cierto color amarillo sutil— y sus sacos deportivos le agregan juventud. Quiere olvidarse del tiempo, porque sabe que el tiempo —«oscuro enemigo que nos roe la sangre, según el verso de Baudelaire—, se alimenta de nuestras ilusiones, de nuestra vida…» (Enrique Cadícamo, en Tanguera, nº 29, sin fecha).

Continuar leyendo sobre Enrique Cadícamo en www.todotango.com

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Historia del Tango – Parte 9: Eduardo Arolas. La evolución de la música del Tango.

Historia del Tango – Parte 9: Eduardo Arolas. La evolución de la música del Tango.

Arolas 18 años en 1910 | Historia del Tango

Juventud

En 1909, cuando Eduardo Arolas compuso “Una noche de garufa”, aún no había adquirido una educación musical formalizada. Tenía 17 años.

Aún así, en su primera composición, todos los elementos de su estilo están presentes, estallando en el mundo, para regocijo de todos aquellos que, como nosotros, aman el Tango.

Esta cualidad no puede atribuirse a ningún otro compositor de Tango.

Ninguno de sus colegas tenía un estilo definido durante sus primeras composiciones y necesitarían muchos años para desarrollarlo. Las obras de Arolas tienen características tan avanzadas, que continuarán sorprendiendo por siempre a los amantes del Tango, preguntándose cómo, con qué inspiración y de qué fuente las extrajo.

Nació el 24 de febrero de 1892 en el naciente barrio industrial de Barracas, en el extremo sur de Buenos Aires, donde creció jugando entre talleres, sitios de construcción, almacenes, depósitos, obreros, conductores de carros, cuarteadores, payadores y arrieros.

A los 6 años, comenzó a aprender a tocar la guitarra con su hermano José Enrique.

Hasta 1906 tocó este instrumento, con amigos, en ambientes informales, y eventualmente comenzó a tocar en cafés y bailes de su barrio.

Arolas era considerado un interprete hábil y versátil.

Acompañó a Ricardo González “Muchila”, que tocaba el bandoneón. El sonido de este instrumento ejerció una fuerte atracción sobre Arolas. Adquirió uno pequeño, con 32 notas, y comenzó a aprender de Muchila.

Una noche de garufa, Eduardo Arolas | Aprende a bailar y aprende la cultura del tango en nuestras clases en la Escuela de Tango de Buenos Aires

Después de vender mercadería en las calles durante muchos años, sus padres abrieron finalmente una tienda mayorista y un bar frente a la estación de trenes de Barracas.

Arolas, conocido como “el Pibe Eduardo”, y su hermano tocaban valses de Waldteufel (muy de moda en ese momento) para entretener a la clientela.

Después de terminar el tercer grado, abandonó la escuela y comenzó a trabajar en diferentes oficios para ayudar a su familia: cadete, repartidor, aprendiz en un taller de pintura, en la fabricación de carteles comerciales, ilustrador, decorador y caricaturista, siendo este ultimo oficio uno convirtió en otra de sus pasiones, como se ve en el dibujos de las portadas de sus propias composiciones musicales y de algunos de sus colegas.

En la hoja de registro de la estación de policía de su vecindario, apareció clasificado como “compadrito”.

En 1909 tocó un bandoneón de 42 botones, acompañado por Graciano De Leone en la guitarra.

Ese mismo año fue a presentar su primera composición a Francisco Canaro.

En 1910 tocó con Tito Roccatagliatta, el violinista más importante de esa época; Leopoldo Thomson, quien estableció el contrabajo en las orquestas típicas, y Prudencio Aragón, pianista y compositor, autor de “Siete palabras”.

En 1911, a los 19 años, tocó en Montevideo por primera vez, la ciudad que se convertirá en su hogar cuando, por desamor, se exilie voluntariamente de Buenos Aires. En este concierto, Arolas tocó un bandoneón de 71 botones estándar.

A su regreso de este viaje, comenzó sus estudios musicales formales con José Bombig, director de la banda penitenciaria nacional, que tenía un conservatorio en la avenida Almirante Brown, en el barrio de La Boca.

Portada de de la partitura original de

Durante esos tres años en el conservatorio, realizó un extenso y muy rentable recorrido por los burdeles de la provincia, con los violinistas Ernesto Zambonini y Rafael Tuegols.

Durante esta gira, conoció a Delia López “La Chiquita”, y comenzó una relación que se convirtió en una fuente de gran inspiración para él, así como en el probable desencadenante de las desafortunadas elecciones que aceleraron su desaparición.

De regreso en Buenos Aires, trabajó principalmente en su propio barrio de Barracas, en varios lugares, incluido el suyo, “Una noche de garufa”, que abrió con su amigo, el industrial Luis Bettinelli.

Su primera composición, publicada en 1912, tuvo un gran éxito inmediato.

Siguieron otras composiciones de notable inspiración, aunque hoy no son tan conocidas como deberían ser: “Nariz”, dedicada a su “amiguita” Delia López; “Rey de los bordoneos”, dedicado a sus músicos; “Maturango”; “Chúmbale” y el vals “Notas del corazón”, dedicado a su madre.

En 1910 las primeras grabaciones de una orquesta con el bandoneón, dirigida por Vicente Greco, fueron lanzadas por Columbia Records. La gran aceptación por parte del público de estas grabaciones propició la aparición de numerosos sellos discográficos compitiendo por el mercado. Arolas comenzó a grabar en 1912 para Poli-phon, con Tito Roccatagliatta en violín, Vicente Pecci en flauta y Emilio Fernández en guitarra.

Durante 1912 comenzó a tocar en el centro de Buenos Aires, y pronto incluyó en su formación al gran pianista y compositor José Martínez, autor de “El cencerro”, “La torcacita”, “Pablo,” Punto y coma “,” Canaro “, entre muchos grandes tangos, para tocar en el cabaret Royal Pigall, en la calle Corrientes 825.

Este mismo año, Roberto Firpo llamó a Arolas y Roccatagliatta para tocar con él en el famoso cabaret Armenonville.

Eduardo Arolas | Historia del Tango | Aprende a bailar en la Escuela de Tango de Buenos Aires
Eduardo Arolas y su cuarteto de 1912 | Aprender a bailar el tango es aprender una cultura
Arolas with Roccatagliata and Firpo 1914 | Historia del Tango

Más tarde, Arolas se distanció de Firpo y tenía un cartel en sus presentaciones que aclaraba “Aquí no tocamos las composiciones de Firpo”. Pero “Fuegos artificiales” se convirtió en un exquisito resultado de este encuentro. Firpo siguió grabando muchos de los tangos de Arolas.

Escuchemos la magnífica interpretación de “Fuegos artificiales” de Anibal Troilo y su Orquesta Típica, 1945:

Derecho viejo. Música para aprender a bailar en la Escuela de Tango de Buenos Aires

El centro

Después de alejarse de Firpo, en 1914, el afroamericano Harold Philips tocó el piano por un tiempo en la orquesta de Arolas.

En 1915, Arolas tocó junto con Agustín Bardi al piano y Roccatagliatta en violín.

En 1916, formó un trío con Roccatagliatta en violín y Juan Carlos Cobián en piano, tocando en los cabarets Montmartre, L’Abbaye y Fritz, todos ubicados en el centro de la ciudad. Este trío a veces se expandió a un cuarteto para incluir un violoncello. También hicieron un recorrido por la provincia de Córdoba.

De regreso en Buenos Aires, el trío fue contratado para tocar en fiestas y bailes de las mansiones, embajadas y clubes selectos de la clase alta de Buenos Aires. En este tipo de presentaciones, no se toleraba ninguna interacción entre músicos e invitados, una regla que Arolas nunca aceptó, lo que resultó en su reemplazo por Osvaldo Fresedo.

Entre 1913 y 1916, su composición y producción musical mostró una mejora evidente debido a sus estudios musicales y la experiencia adquirida en su profesión. Consolidó su fama, llevando a su orquesta al nivel de los más destacados, dejando los cafés de su barrio, tocando en la calle Corrientes y en los lujosos lugares de Palermo, en el interior de Argentina y en Montevideo.

Algunas de las composiciones de este período, entre las muchas que hoy se han olvidado, son “Derecho viejo”, interpretada aquí por Osvaldo Pugliese y su Orquesta Típica en 1945:

“La guitarrita”, por Juan D’Arienzo en 1936:
“Rawson”, de nuevo, por El Rey del Compás:
También “Araca” y “Anatomía”.

Específicamente con respecto a la composición “Araca”, solo hay una magnífica interpretación grabada por el “Cuarteto Victor de la Guardia Vieja” en 1936, con Francisco Pracánico al piano, Ciriaco Ortiz en el bandoneón, y Cayetano Puglisi y Antonio Rossi en los violines:

Cubierta de la partitura del tango

Eduardo Arolas en 1917 | Escuela de Tango de Buenos Aires

Ruptura

El tercer y último grupo de composiciones, desde 1917 hasta 1923, mostró una evolución musical aún más marcada, de sentimientos más profundos, nostálgica, casi llorando con masculina vulnerabilidad, jugando con su característico fraseo rítmico.

Estas obras fueron influenciadas por la ruptura con su amante Delia López,

quien terminó involucrada con su hermano, y su posterior inmersión en el alcoholismo y la tristeza crónica. Entre ellos: de 1917, “Comme il faut”, escuchamos la grabación de Anibal Troilo en 1938:

y “Retintin”, llamado primero “¡Qué hacés, qué hacés, che Rafael!”, dedicado a su violinista, amigo y secretario, Rafael Tuegols. Toda la orquesta cantó el nombre de la canción en las actuaciones. La escuchamos aquí por Juan D’Arienzo y su Orquesta Típica, con Rodolfo Biagi al piano::

Menos conocidos, desde este mismo año, son “Marrón glacé (Moñito)”, dedicado al caballo de carreras de su amigo Emilio de Alvear; “El chañar”, del cual hay una interpretación de Alfredo De Angelis grabada durante la década del cuarenta::

y “Taquito”, grabado solo por Arolas::

Consagración

En 1917, formó un quinteto con Juan Luis Marini en piano, Rafael Tuegols y Atilio Lombardo en violines, y Alberto Paredes en violoncello, y grabó para Victor con un contrato ventajoso. Inusual para la época, incluyó la voz de Francisco Nicolás Bianco “Pancho Cueva”, en dos grabaciones, solo igualadas por la contemporánea grabación de Gardel-Razzano con Firpo en “El moro”. Bianco, quien más tarde también grabó con Firpo, fue un famoso payador, que usó el lunfardo en sus actuaciones, y fue el hermano de Eduardo Bianco, el gran director de orquesta que tocaba tangos en Europa.

La portada de la composición “Lágrimas” merece una mención especial debido al autorretrato de Arolas.

Dedicado a la madre de su colega y violinista Tito Roccatagliata, combinó una deliciosa primera parte rítmica con una segunda parte profundamente emocional. Ricardo Tanturi lo grabó en 1941:

En 1918 su orquesta se formó con él, como primer bandoneón y director, Manuel Pizzarro en el segundo bandoneón, Rafael Tuegols en el primer violín, Horacio Gomila en el segundo violín, Roberto Goyeneche en el piano y Luis Bernstein en contrabajo.

Este fue el pico de su carrera, tocando tanto en Buenos Aires como en Montevideo.

Pronto, Julio De Caro se uniría a su orquesta.

1918 nos trajo dos tangos eminentemente rítmicos: “Catamarca”, inicialmente llamado “Estocada a fondo”, del cual Carlos Di Sarli nos dejó una magnífica interpretación en 1940:

El otro tango es “Dinamita”, que podemos escuchar en la versión de 1918 de Roberto Firpo:
Aquí podemos apreciar una auténtica dinamita rítmica, su peculiar forma de jugar con la melodía y sus técnicas avanzadas de composición, utilizando ya las mismas “canyengueadas” que escuchamos en los arreglos de Osvaldo Pugliese y Astor Piazzolla muchas décadas después.
Ese mismo año, Arolas conoció a Pascual Contursi en Montevideo, y de este encuentro produjeron “Qué querés con esa cara”, letra que Contursi escribió para “La guitarrita” de Arolas, grabada por Carlos Gardel:
Este año culminó con una de sus composiciones inmortales: “Maipo”, de suprema belleza, con una primera parte verdaderamente sublime, de profundidad patética, hiriente, y una segunda parte de tristeza sentida y profundas emociones. Bailemos con El Rey de Compás Juan D’Arienzo que grabó este maravilloso tango en 1939:
1919 comenzó con nada menos que “El Marne”, un verdadero concierto de estructura avanzada para su época. Había que esperar a que músicos calificados entregaran el mensaje de sus notas. Nos quedamos aquí en la misma tanda, con el Maestro D’Arienzo y Juan Polito al piano:
La productividad de Arolas es asombrosa. Su fabulosa inspiración desborda: “Cosa papa”, entre sus últimas grabaciones, en línea con sus mejores logros como autor:

Cubierta de la partitura del tango

“Rocca”, dedicado a su gran amigo, el terrateniente y guardián de las tradiciones argentinas, Santiago H. Rocca. En la edición de la partitura musical podemos ver un retrato del homenajeado, embellecido por un fino dibujo de Arolas.

No hay grabaciones que sepamos de este tango, pero tenemos la suerte de escucharlo en la pianola de Horacio Asborno.

Eduardo Arolas con su gran orquesta de los carnavales de Montevideo | Historia del Tango

Montevideo

“Viborita” es otro de sus delicados tangos, con la peculiaridad de tener solo dos partes, sin trío, como era su costumbre. Grabado en 1920 por primera vez por la Orquesta Típica Select de Osvaldo Fresedo. Su partitura musical no se publicó hasta después de 1930, cuando el sobrino de Arolas recibió un paquete con manuscritos. Por eso aparece publicado como obra póstuma. Una excelente interpretación de este tango para bailar en las milongas es la que grabó Francisco Lomuto en 1944:

“De vuelta y media”, de una belleza increíble, de la que tenemos la suerte de escuchar la grabación del autor:

Y “El Gaucho Néstor”, incluido solo en sus grabaciones para Víctor:

En 1919 fue contratado para tocar en las celebraciones del Carnaval de Montevideo, al frente de una gran orquesta.

Arolas en Montevideo | Historia del Tango

De regreso en Buenos Aires, realizó una gira por la provincia con un trío en el que Julio De Caro tocaba el violín. Luego tocó en los cabarets Maxim y Tabarís, en el centro.

A partir de este momento, solo hubo unas pocas ocasiones más en las que Arolas tocó en Argentina.

Su colapso moral y físico había comenzado.

Se mudó de forma permanente a su casa de Montevideo y formó una orquesta en la que tocaba Edgardo Donato.

En 1920 viaja a Europa acompañado por Alice Lesage. Este año solo dio una composición, dedicada a ella, “Alice”. Manuel Buzón hizo una excelente grabación de este tango, que nos gusta disfrutar bailando:
En 1921 regresó de Europa y permaneció en Uruguay. Este año compuso “Pobre gaucho”, dedicado a sus colegas de orquesta, y “Bataraz”, ambos grabados por Firpo:
Posiblemente, este es también el año en el que compuso la que se considera su obra maestra: “La Cachila”. Lo tiene todo. Después de una primera parte intensa, de incomparable belleza, viene una segunda parte con ritmos renovadores, vibrantes, penetrantes, ricos y desgarradores. Así lo interpretó Osvaldo Pugliese:

Se ha convertido en uno de los clásicos del género, de presencia permanente en el repertorio de orquestas de todos los tiempos.

Adiós Buenos Aires

En 1922, realizó un segundo viaje a Europa, con intension de trabajar, pero no recibió ayuda de la comunidad de músicos de tango que vivían allí. Por su cuenta, consiguió contratos ventajosos para tocar en París y Madrid.

Durante sus últimos tres años de vida, residió en Europa, y solo conocemos la composición “Place Pigalle”, que registró en Francia.

Murió de tuberculosis el 29 de septiembre de 1924 en un hospital de París. Tenía 32 años.

En 15 años como compositor, escribió 120 títulos, de los cuales solo unos 20 son ampliamente conocidos.

Durante el tiempo de Arolas, la música de Tango era mucho más simple de lo que es hoy.

Eduardo Arolas, retrato | Historia del Tango

Como músico, dio la fuerza de su emoción a sus actuaciones, rompiendo su instrumento en muchas ocasiones, dejándolo como un paraguas invertido por el viento. Era un instrumentista refinado, ideando formas de fraseo y armonización desconocidas hasta el momento. Creó los fraseos octavados, los pasajes armonizados en terceras tocados con ambas manos, los “rezongos” con las notas graves, y con Juan Maglio Pacho, perfeccionó la técnica de las notas ligadas en el bandoneón. Todos elementos que se hicieron esenciales para el Tango.

Su lenguaje musical, como compositor y como instrumentista, era Tango puro, un lenguaje que la gente de los barrios del Río de la Plata entiende, un lenguaje que fluye sin esfuerzo como agua de manantial.

Su actuación era vibrante, brillante, simple, sin variaciones, muy matizada y colorida.

Como director, es posible identificar dos etapas de su trabajo. Desde 1911 hasta 1915, en el que sus formaciones son similares a las otras de la época, integradas por bandoneón, violín, flauta y guitarra. La guitarra es la base rítmica y los otros instrumentos tocan la melodía, aunque a veces todos tocan juntos en las partes que requieren más volumen sonoro. Escuchemos “El entrerriano” (Odeón 1913):

De 1917 a 1919, aunque algunas veces todavía podemos escuchar una guitarra, el piano se convierte en la médula espinal del ritmo, complementado por violines y violoncello, y, por supuesto, el bandoneón. Su ritmo es más “elástico” sin perder “polenta”, más versátil y con más flujo de sonido. Definitivamente mucho más avanzado que las orquestas contemporáneas a él. Escuchemos “Comme il faut” (Victor 1918):

En comparación con las otras orquestas que tocaron durante el mismo período, la de Arolas fue la que tocó más lento, como una forma de lograr más expresividad, cambiando el ritmo de 2/4 a 4/8, y cambiando el esquema rítmico:

Ritmo del tTango de la Guardia Vieja | Historia del Tango
Nuevo ritmo del Tango a Partir de Eduardo Arolas | Historia del Tango

Arolas, con su orquesta, abrió una amplia brecha a través de la cual se pudo vislumbrar el advenimiento de las formas más evolucionadas de la interpretación instrumental del Tango.

Como compositor, llevó al Tango a un nivel más elaborado con la fuerza de su originalidad. Según Osvaldo Pugliese, junto con Agustín Bardi (en nuestro próximo trabajo), es uno de los pilares del Tango. Su trabajo consiste en composiciones de belleza superlativa, inventiva sobresaliente y profundidad emotiva.

Partitura musical del tango

Desde sus inicios se enlistó en la tendencia del “Tango Criollista”, ubicado emocionalmente en el límite entre la ciudad y el campo (“La guitarrita”), pero gradualmente comenzó a adquirir acentos porteños, al tiempo que aumentaba la carga emocional de sus melodías, dejando de lado la quietud del campo y el olor ácido de los yuyos para compartir el dolor trágico de la ciudad.

Sus obras dan la sensación de que fueron escritas para ser interpretadas por futuras orquestas. Sus obras esperaron pacientemente a través de la evolución instrumental del género y la capacitación de los músicos de la Década de Oro para extraer de ellos toda su belleza latente.

Además de la música inspiradora que compartía con el mundo, también era muy buen mozo, tenía un gran carisma y siempre estaba muy bien vestido. Amaba todos los placeres de la vida, y mientras refinaba su gusto a medida que crecía artísticamente, adquirió más conocimientos sobre su profesión y comenzó a tocar en lugares de mayor calidad.

Escuchemos el bandoneón de Arolas en un solo:

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“Toda mi vida” por Aníbal Troilo y su Orquesta Típica, canta Francisco Fiorentino, 1941.

“Toda mi vida” por Aníbal Troilo y su Orquesta Típica, canta Francisco Fiorentino, 1941.

Anibal Troilo | Música para aprender a bailar en la Escuela de Tango de Buenos Aires

Anibal Troilo

Bandoneonista, director y compositor. (11 julio 1914 – 19 mayo 1975)

El bandoneón lo atrapó cuando lo escuchó sonar en cafés de su barrio. Tenía 10 años cuando convenció a la madre de que le comprara uno.

Fue uno de esos contados artistas que nos hacen preguntar qué misterio, qué magia produjo semejante comunión con el público.

Su primer contacto con el público fue a los 11 años, en un escenario próximo al Abasto, bullicioso mercado frutihortícola convertido hoy en un shopping center.

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