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Las letras de tango y su relación con el baile

Las letras de tango y su relación con el baile

Marcelo Solis and his brother Carlos enjoying breakfast at an outdoor café in Buenos Aires. Marcelo, on the left, captures the moment with a selfie, featuring his light brown hair and a slight smile. Carlos, on the right, appears cheerful with white hair, enjoying the morning. Their table hosts a delightful breakfast setup with a teapot, coffee, and a visually appealing avocado toast topped with sprouts and cherry tomatoes. The scene portrays a warm, casual family moment.

Este artículo da inicio a una serie de artículos sobre las letras de Tango.

Quiero dedicarlo a mi hermano Carlos Daniel Solís, recientemente fallecido el 28 de abril de 2024, a los 56 años. Que en paz descanse.

Inicialmente, es crucial discutir si es necesario comprender las letras de Tango para bailarlo adecuadamente.

Enrique Santos Discépolo, autor de muchos Tangos geniales.

Cabe destacar que los compositores de tangos siempre han realizado un gran esfuerzo en fusionar adecuadamente la letra con la melodía. Un ejemplo claro es Enrique Santos Discépolo, quien se caracterizaba por su meticulosidad y podía dedicar años a perfeccionar un solo tango.

Por ende, podemos concluir que la música del Tango tiene como objetivo resonar con las emociones ya expresadas en sus letras, y viceversa.

Esto indica que no es indispensable entender cada palabra para sentir su impacto emocional. Al bailar un tango, generalmente no nos enfocamos en las letras, dado que es complicado prestar atención tanto a la poesía como a los elementos técnicos y emocionales del baile simultáneamente. 

Por ello, si nuestro interés es profundizar en la poesía de las letras, lo ideal sería escuchar el tango sin bailar. No obstante, conocer la letra de un tango antes de bailarlo puede enriquecer significativamente la interpretación del baile, no solo para ese tango en particular, sino además aportando a nuestro entendimiento del Tango como un modo de apreciar la vida humana, estimando nuestra existencia desde las valoraciones de las personalidades que vivieron y fueron parte integral de este fenómeno llamado Tango, que tuvo su mayor auge en los años 40 en el Rio de la Plata.

Las letras de tango a menudo reflejan las repercusiones que produce perseguir nuestros deseos más extremos, advirtiéndonos sobre las posibles consecuencias de esta empresa exuberante. Observando desde la perspectiva involucrada y sin embargo distante, como la de un musicalizador de la milonga, desde su cabina, contraponen a los sentimientos de nostalgia y tristeza que transmiten, la viva excitación que se experimenta en la pista de baile. Estas letras también exploran la creencia en una especie de ficción colectiva, donde se presume una comunidad en la que nos valoramos mutuamente. Este ideal nos atrae, en parte porque tememos a la soledad. A través del Tango, es posible percibir las esencias y personalidades de los bailarines simplemente observando sus movimientos y sus cuerpos en la danza.

Bailar Tango es también un acto de orgullo y maestría. No es un baile para los tímidos o culpables; no es para aquellos que desean ocultarse. Quien baila Tango no necesariamente busca ser el centro de atención, pero entiende que una buena ejecución inevitablemente atraerá miradas. Este fenómeno se ve no como una búsqueda de validación, sino como un obsequio, una ofrenda de belleza para aquellos espectadores que saben apreciarla sin envidia ni resentimientos.

Para profundizar en el entendimiento del Tango a través de sus letras, es útil explorar aquellas que se refieren al Tango mismo y a su baile.

Interpretación de la letra del tango “Que me quiten lo bailao”

Letra y música de Miguel Bucino, 1942, en la versión de Ricardo Tanturi y su Orquesta Típica, cantado por Alberto Castillo, grabado en 1943.

Escuchar “Que me quiten lo bailao”

“Mano abierta con los hombres, y derecho en cualquier trance,
tengo dos pasiones bravas: el tapete y el licor…
Bailarín de buena escuela, no hay milonga donde sobre,
unas veces ando pobre y otras veces soy señor.
¿Qué querés que le haga, hermano? ¡Si es regalo del destino!
¡Si el afán de ahorrar dinero nunca ha sido mi virtud!
Me electrizan las burbujas y los ojos femeninos
¡desde aquellos dulces días de mi alegre juventud!

Pero yo no me arrepiento
de aquellos lindos momentos
que en la vida derroché.
Tuve todo lo que quise…
y hasta lo que yo no quise,
la cuestión que disfruté.
Mi conducta fue serena,
yo fui pródigo en la buena
y en la mala me encogí.
Fui magnate y vagabundo
y hoy conosco tanto al mundo
que prefiero ser así.

¡Qué querés que le haga, hermano! Yo nací pa’ morir pobre,
con un tango entre los labios y en un tute entreverao.
Juego, canto, bebo, río… y aunque no me quede un cobre,
al sonar la última hora… ¡que me quiten lo bailao!”

“Que me quiten lo bailao” es una frase popular del idioma castellano que expresa la satisfacción de disfrutar de las experiencias vividas, independientemente de las consecuencias futuras. La letra y música de esta pieza, creada por Miguel Bucino, encapsulan esta filosofía de vida a través del lente del Tango.

La letra podría interpretarse como una celebración de la libertad y el placer encontrados en el baile del Tango, sugiriendo que, una vez vividas, estas experiencias son inalienables, un tesoro personal que no puede ser arrebatado por circunstancias externas o el paso del tiempo. En el contexto del tango, esta expresión adquiere un matiz de desafío y desapego, características resonantes con la naturaleza emocionalmente intensa y a veces melancólica del género.

El Tango es una expresión artística que permite a los bailarines y oyentes conectar con emociones profundas, y “Que me quiten lo bailao” sirve como un himno a vivir plenamente y sin arrepentimientos, reflejando una aceptación gozosa de todo lo que la vida tiene para ofrecer, a pesar de sus inevitables altibajos.

A classic image of Miguel Bucino and Tita Merello dancing tango in a scene from the movie

Miguel Bucino, nacido el 14 de agosto de 1905 en San Cristóbal, Buenos Aires, inició su carrera musical tocando el bandoneón. A los 17 años se unió brevemente a la orquesta de Francisco Canaro en 1923, quien lo despidió por considerarlo un mal músico y lo animó a dedicarse al baile, una vocación para la que mostró un talento natural.

Bucino debutó profesionalmente en el Teatro Maipo en 1925, y su carrera como bailarín despegó rápidamente. Viajó con Julio De Caro a Brasil en 1927 y realizó giras por Argentina con el espectáculo “Su Majestad El Tango”. Fue pionero al bailar tango en el Teatro Colón en 1929 y continuó su carrera en Europa en 1931, actuando en ciudades como Madrid y París. Participó en varias temporadas teatrales con figuras como Francisco Canaro y Ivo Pelay, enseñando tango a personalidades de la realeza y celebridades de Hollywood como los príncipes Humberto de Saboya y Eduardo de Windsor, así como a los actores Ramón Novarro y Jorge Negrete.

Aunque inicialmente no tuvo éxito como músico, Bucino sobresalió como compositor de tango, registrando entre 60 y 70 obras, incluyendo éxitos como “Bailarín compadrito” y “Que me quiten lo bailao”.

Bucino se retiró en 1942 y falleció en Buenos Aires el 15 de diciembre de 1973, dejando un legado duradero en el mundo del Tango tanto como bailarín como letrista y compositor.

Aquí podemos verlo bailar un tango con la celebrada actriz y cantante Tita Merello en la película “Noches de Buenos Aires”:

Escuchar un tango es interpretarlo de forma personal. El Tango se siente por dentro. Nuestra interioridad, con todas nuestras experiencias, emociones, represiones y más, escucha ese tango, esa letra con música, y lo recrea de muchas formas. Algunas interpretaciones se vuelven habituales y así se mantienen, llegando a ser como traducciones de lo dicho para todos en lo que creemos escuchar.

Siguiendo esta idea, que creo que comparten los que aman el Tango, propongo una forma de entender este tango, aunque aclaro que no busco ser objetivo ni definitivo.

Esto es lo que mi vida, mi baile, escucha en este tango:

El primer verso “Mano abierta con los hombres, y derecho en cualquier trance” sugiere una visión de la masculinidad basada en la integridad y la equidad. La frase “mano abierta” puede interpretarse como un símbolo de generosidad y transparencia en las relaciones con otros hombres, indicando una disposición a tratar a los demás con justicia y sin secretismos. Por otro lado, “derecho en cualquier trance” resalta la importancia de mantener una conducta recta y honorable, independientemente de las circunstancias. Juntas, estas expresiones abogan por una masculinidad que se apoya en la confianza mutua y en el respeto a los códigos de conducta que aseguran la igualdad y la dignidad entre las personas, sin recurrir a excusas basadas en factores externos como la posición social, la economía, o condiciones biológicas o psicológicas. En esencia, propone un ideal de masculinidad que valora y promueve la nobleza en el trato hacia los demás, subrayando la responsabilidad personal sobre las influencias deterministas.

El segundo verso “tengo dos pasiones bravas: el tapete y el licor…” ilustra claramente la intensidad y la entrega con la que el personaje vive sus emociones: el azar cósmico al que enfrentamos nuestra voluntad, intentando desviar su curso para cumplir nuestros deseos, utilizando el entusiasmo vital como una forma de evaluar nuestra existencia. Esta línea resalta cómo el personaje se enfrenta a ese azar e incertidumbre de la existencia humana, no con temor o precaución, sino con una voluntad férrea de inclinar los acontecimientos a su favor y satisfacer sus deseos profundos. El “entusiasmo vital” mencionado se convierte en su baluarte contra la mundanidad y la monotonía, usando su fervor por la vida como una manera de medir y afirmar su existencia. En este contexto, el verso no solo refleja una declaración de afirmación de una vida ordenada desde el valor ético y estético de las emociones sino también una filosofía de vida que abraza plenamente la incertidumbre y el entusiasmo como elementos esenciales de la experiencia humana.

El tercer verso “Bailarín de buena escuela, no hay milonga donde sobre,” no solo habla de la maestría técnica adquirida a través del estudio y la práctica guiada, sino también refleja el respeto y la admiración que el bailarín genera en la comunidad del tango. En esencia, el verso celebra el logro de la excelencia y la elegancia en el baile, que solo es posible a través de la elección de buenos mentores y un compromiso inquebrantable con el aprendizaje continuo.

Tanto el acto de bailar como la milonga se utilizan metafóricamente para hablar sobre la vida en general y cómo nos desenvolvemos en ella. Aquí, el “bailar” simboliza cómo nos movemos y reaccionamos a los diferentes ritmos y desafíos que la vida nos presenta. Ser un “bailarín de buena escuela” implica haber aprendido y dominado las habilidades necesarias para navegar estos desafíos con gracia y competencia, tanto a través del esfuerzo y la determinación individual, como por la elección de “buena escuela’, es decir, buenos guías.

La “milonga,” un lugar donde se baila el Tango, representa las diversas situaciones y entornos que encontramos en la vida. Decir que “no hay milonga donde sobre” sugiere que el bailarín, gracias a su preparación y habilidad, puede adaptarse y destacarse en cualquier contexto o situación que la vida le presente, nunca siendo redundante o inadecuado, sino siempre siendo una adición valiosa.

Esta metáfora extiende la idea de que, al igual que un bailarín de Tango entrenado en una buena escuela, una persona que está bien preparada por sus experiencias y educación puede enfrentar eficazmente cualquier circunstancia de la vida. Los logros y el reconocimiento del bailarín son paralelos a los éxitos que una persona puede alcanzar en su vida personal y profesional cuando está bien preparada y puede adaptarse fluidamente a diferentes situaciones, mostrando que la preparación, el aprendizaje continuo y la adaptabilidad son claves para el éxito en la vida, tal como lo son en el baile.

El verso cuarto “unas veces ando pobre y otras veces soy señor” refleja la aceptación de las fluctuaciones de la fortuna a lo largo de la vida, reconociendo cómo las circunstancias pueden cambiar entre extremos de riqueza y pobreza. Esta frase encapsula la realidad de que no siempre podemos controlar los factores externos que afectan nuestra posición económica y social.

Esta aceptación no se centra solamente en la realidad económica, sino también en una filosofía de vida que valora otras riquezas que no son materiales. La frase indica que el individuo no mide su valor o éxito exclusivamente a través de la riqueza material (“ando pobre”) ni permite que los momentos de abundancia definan completamente su identidad (“soy señor”). En su lugar, la persona se adapta y continúa valorando la vida y sus experiencias más allá de la riqueza material.

Así, el verso sugiere un enfoque equilibrado y maduro hacia la vida, donde se toma con gracia tanto la adversidad como la prosperidad, destacando la importancia de la resiliencia y la capacidad de mantener la dignidad y el autorespeto independientemente de las circunstancias económicas. Esta perspectiva puede ser especialmente poderosa en contextos como el Tango, donde el arte y la expresión personal a menudo se valoran más que la riqueza material.

El verso quinto “¿Qué querés que le haga, hermano? ¡Si es regalo del destino!” expresa una actitud de aceptación hacia las circunstancias de la vida que están fuera de nuestro control, viéndolas como parte de un destino predeterminado o de la suerte que simplemente nos toca vivir. Este enfoque refleja una filosofía de vida que acepta los altibajos con serenidad y gratitud, reconociendo que lo que nos sucede, ya sea positivo o negativo, puede ser visto como un “regalo del destino”.

Esta perspectiva invita a abrazar la vida tal como viene, sin resistirse a las eventualidades sino recibirlas con alegría y optimismo. Al considerar los acontecimientos como regalos, se enfatiza la idea de que hay un valor inherente en cada experiencia, independientemente de su naturaleza aparente. Esta actitud no solo fomenta un sentido de paz interior y satisfacción, sino que también permite afrontar los desafíos con mayor fortaleza y mantener una disposición positiva frente a la incertidumbre.

En resumen, este verso destila la esencia de vivir con una aceptación gozosa y una fe tranquila en que, de alguna manera, lo que la vida nos entrega tiene su propósito y valor, enseñándonos a valorar cada momento como un regalo inesperado y a menudo inmerecido, pero siempre significativo.

El verso “¡Si el afán de ahorrar dinero nunca ha sido mi virtud!” refleja una autenticidad en la elección personal que se aleja de las normas convencionales sobre la acumulación de riqueza y frugalidad, características que la sociedad suele valorar y promover. Esta línea revela una franca aceptación de las propias inclinaciones y características, incluso cuando no se alinean con los ideales socio-económicos predominantes.

Esta expresión es un reconocimiento de que la persona no se define por la acumulación de capital, sino que prioriza otros aspectos de la vida que considera más valiosos o acordes con su verdadera naturaleza. Aquí, la virtud no reside en el ahorro de dinero, sino en la capacidad de vivir de acuerdo con lo que uno considera esencial para su felicidad y plenitud, aunque esto pueda desviarse de lo que es comúnmente aceptado o esperado.

Por lo tanto, el verso no solo comunica una elección de vida personal, sino que también desafía las normativas sociales sobre el éxito y la seguridad económica, enfatizando que el verdadero valor y la riqueza de una persona pueden residir en su autenticidad y en cómo elige vivir su vida según sus propios términos y valores.

Los versos “Me electrizan las burbujas y los ojos femeninos / desde aquellos dulces días de mi alegre juventud!” expresan una apreciación continua y vibrante por las alegrías y los estímulos de la vida, particularmente aquellos relacionados con el entusiasmo y la seducción. “Las burbujas” pueden referirse tanto al champagne, simbolizando momentos de celebración, como a pequeñas intensas alegrías que surgen en la vida cotidiana. “Los ojos femeninos”, por su parte, representan la excitación provocada por la seducción de la belleza, elementos que continuarán despertando pasión y entusiasmo a lo largo de la vida.

Estos elementos no solo son disfrutados en la juventud, sino que persisten como fuentes de energía y entusiasmo a lo largo de toda la vida, destacando la importancia de mantener una perspectiva joven y vigorosa, incluso ante el avance de la edad. Esta actitud subraya el valor de preservar la capacidad de asombro y de disfrute frente al mundo, una actitud de resistencia frente a la decadencia que trae el tiempo por sí mismo.

Por lo tanto, estos versos propician el mantenimiento de una actitud joven frente a la vida y su inevitable decadencia, animando a apreciar y buscar aquellas cosas que nos hacen sentir vivos y conectados, apreciando las cosas que nos electrifican y enriquecen nuestra experiencia de vida, a pesar de los cambios y desafíos biológicos que naturalmente se presentan, e instando a propiciar una perspectiva fresca y corporal.

Los versos “Pero yo no me arrepiento / de aquellos lindos momentos / que en la vida derroché” expresan una firme aceptación y valoración de las experiencias vividas, incluso aquellas que podrían considerarse como un derroche desde una perspectiva más conservadora o materialista. Esta postura rechaza la noción de que el tiempo debe ser siempre invertido productivamente en el sentido económico, y en lugar de ello celebra la riqueza de las experiencias en sí mismas por el conocimiento que aportaron.

Este punto de vista implica un reconocimiento de que la vida no debe juzgarse únicamente por los resultados tangibles o acumulativos, como el dinero o los bienes, sino también por los momentos de felicidad y plenitud personal, independientemente de su “utilidad” económica. Al decir que no se arrepiente de esos momentos “derrochados”, el hablante abraza completamente su pasado y las decisiones que tomó, viéndolas como esenciales para su propia historia y desarrollo personal.

Esta actitud también sugiere una generosidad hacia uno mismo y hacia la vida, una voluntad de vivir plenamente y sin reservas, reconociendo que cada experiencia, por efímera que sea, enriquece nuestro ser y contribuye a la plenitud de nuestra existencia. Al liberarse de la presión de tener que justificar cada momento de la vida en términos de ganancia material, el hablante invita a valorar la vida por la calidad de sus experiencias y las emociones que evocan.

Los versos “Tuve todo lo que quise… / y hasta lo que yo no quise, / la cuestión que disfruté” reflejan una perspectiva de vida ampliamente receptiva y abierta a todas las experiencias, tanto las buscadas activamente como las inesperadas o no deseadas inicialmente. El hablante aquí destaca que independientemente de si los acontecimientos fueron anticipados o no, él encontró una forma de disfrutar y encontrar valor y sabiduría en cada uno de ellos.

Esta actitud sugiere una adaptabilidad y una capacidad para encontrar satisfacción y conocimiento más allá de las circunstancias específicas. La línea “Tuve todo lo que quise” indica que el hablante se permitió perseguir aquello que deseaba, movido por sus propios valores e intereses, lo cual es una manifestación de vivir auténticamente y en consonancia con los propios deseos. Sin embargo, al admitir “y hasta lo que yo no quise”, reconoce que la vida también implica enfrentar situaciones no elegidas, y que incluso estas pueden ser fuente de disfrute, aporte a nuestro saber sobre la vida, y crecimiento personal.

Este enfoque de vida no solo promueve una visión positiva y optimista, sino que también encarna una filosofía de aceptación y gratitud. Reconoce que aunque no siempre podemos controlar lo que nos sucede, sí podemos controlar nuestra respuesta a ello, eligiendo disfrutar y apreciar cada momento por lo que puede ofrecer. Así, el hablante demuestra una profunda satisfacción con su vida, sintiendo que cada experiencia, deseada o no, ha contribuido a su plenitud y sabiduría. Esta manera de vivir resalta la importancia de estar abierto a la vida en todas sus formas, viendo cada evento como una oportunidad para enriquecer nuestra existencia.

Los versos “Mi conducta fue serena, / yo fui pródigo en las buenas / y en la malas me encogí” reflejan una actitud consciente y equilibrada frente a las variadas situaciones de la vida. Aquí, el hablante se presenta como alguien que mantiene la calma y la serenidad (“Mi conducta fue serena”), lo que sugiere un enfoque reflexivo y maduro al manejar tanto los tiempos de abundancia como los de adversidad.

El ser “pródigo en las buenas” indica generosidad y apertura durante los momentos favorables, compartiendo libremente sus recursos y alegrías con los demás. Esta generosidad no solo es material sino también emocional, reflejando una disposición a disfrutar plenamente y sin reservas los buenos tiempos.

Por otro lado, “en las malas me encogí” muestra una actitud de prudencia y modestia en tiempos difíciles. Esta frase puede interpretarse como una reducción en la ostentación o en el gasto, una contención en su comportamiento para enfrentar mejor las épocas de escasez o desafío. No necesariamente implica rendirse o retraerse completamente, sino más bien una adaptación prudente a las circunstancias menos favorables.

En conjunto, estos versos encapsulan la sabiduría de vivir de acuerdo con las circunstancias, sabiendo cuándo extenderse y cuándo conservar recursos. El hablante muestra una comprensión de sus propias capacidades y limitaciones, y actúa de manera que mantiene un equilibrio sostenible a lo largo de su vida. Esto demuestra una filosofía de vida que equilibra la generosidad y la cautela, permitiendo al individuo navegar por los altibajos con gracia y dignidad.

Los versos finales “¡Qué querés que le haga, hermano! Yo nací pa’ morir pobre, / con un tango entre los labios y en un tute entreverao. / Juego, canto, bebo, río… y aunque no me quede un cobre, / al sonar la última hora… ¡que me quiten lo bailao!” encapsulan una declaración de aceptación y celebración de la vida según los propios términos del hablante, desafiando las normas sociales que valoran la acumulación de riqueza material como indicador de éxito y realización personal.

Este fragmento revela una profunda resignación y a la vez alegría en el estilo de vida elegido por el hablante, uno que prioriza la experiencia sensorial y emocional —el baile, la música, el juego, el canto— como fuente de sabiduría, por sobre la seguridad financiera. “Yo nací pa’ morir pobre” no solo acepta sino que también abraza una existencia libre de las ataduras y preocupaciones que conlleva la riqueza material, sugiriendo que hay una riqueza mucho más profunda en las experiencias de la vida y en la autenticidad personal.

“Con un tango entre los labios y en un tute entreverao” simboliza vivir con pasión y estar inmerso en la cultura y las tradiciones que dan sabor y significado a la vida. Estas actividades, ricas en cultura y comunidad, ofrecen un contrapunto a la vida guiada por el materialismo.

El verso “Juego, canto, bebo, río… y aunque no me quede un cobre” refuerza la idea de que la verdadera felicidad, satisfacción, y sabiduría vital provienen de vivir plenamente, con alegría y sin remordimientos, independientemente de la situación financiera. La frase final, “¡que me quiten lo bailao!” es un dicho popular que significa que nadie puede quitarle a uno las experiencias vividas, destacando que lo que realmente valoramos al final de nuestros días son esos momentos vividos y el saber que nos han legado, no los bienes acumulados.

Estos versos son un himno a una vida vivida con autenticidad y pasión, un recordatorio de que al final, cuando “suene la última hora”, lo que cuenta son las alegrías, experiencias, y saber que hemos acumulado, no el dinero. La vida, según el hablante, está para ser vivida plenamente y con una aceptación gozosa de nuestro destino, encontrando belleza y significado en el arte, las experiencias compartidas, y la sabiduría obtenida, más que en la riqueza material.

Cada momento queda así plenamente justificado.

Moriremos en paz con nuestro deseo, habiendo encontrado nuestra propia respuesta a la pregunta sobre cómo vivir.

El Tango te espera. Vení a nuestras clases.

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Historia del Tango – Parte 8: Roberto Firpo y la aceptación del piano en la Orquesta Típica

Historia del Tango – Parte 8: Roberto Firpo y la aceptación del piano en la Orquesta Típica

Roberto Firpo, pianista, director y compositor de nuestra música argentina: el Tango.

Roberto Firpo nació el 10 de mayo de 1884, en la Ciudad de Las Flores (hoy anexada a Buenos Aires como barrio).
 
Firpo pasó su infancia trabajando en la tienda de su familia. Aunque mostró interés por la música y la pintura, su familia no podía pagarle una educación artística.
Como necesitaban su ayuda con el negocio familiar, su padre lo sacó de la escuela después del quinto grado.
Enrique Cadícamo nos cuenta que, cuando era adolescente, sentía vergüenza cuando las niñas del pueblo lo veían trabajar como repartidor en el negocio de su familia.
 
Confrontó a su padre sobre su plan de dejar Las Flores para encontrar su destino en la gran ciudad. Firpo mostró tal determinación que su padre se dio cuenta de que no podía retenerlo y le dio la libertad irse de la casa y algo de dinero para iniciar una vida independiente en Buenos Aires.
Trabajó en una tienda cerca Santa Fe y Callao.
 
Luego trabajó en la industria del calzado y, en 1903, en una siderúrgica, Talleres Vasena, donde conoció a Juan “Bachicha” Deambroggio.
 
En ese momento, Bachicha estaba aprendiendo a tocar el bandoneón con Alfredo Bevilacqua, uno de los grandes de la época, autor de “Venus”, “Independencia”, “Apolo” y otros clásicos. Firpo comenzó a asistir a estas clases y aprender el instrumento de su preferencia, piano, y teoría musical.
 
Como no tenía dinero para comprar un piano, Firpo se hizo un instrumento.
 
Lo construyó con botellas de vidrio llenas de diferentes cantidades de agua, cada una de las cuales producía una nota distinta, una especie de xilófono improvisado, que le permitía practicar sus lecciones.
 
A los 19 años, Firpo se dedicaba intensamente a estudiar música, y aprendía mucho.
 
En 1904 se fue de Buenos Aires para trabajar en el puerto de la Ciudad de Ingeniero White, donde, por las noches, tocaba el piano en un bar del puerto.
 
Esto le permitió completar su formación, y cuando reunió suficiente dinero para comprar su propio piano, regresó a Buenos Aires y así lo hizo.
Firpo dijo que siempre recordó ese día como “el más feliz de su vida”.
Para perfeccionar su técnica, continuó sus estudios con Bevilacqua.
 
Durante el día realizaba todo tipo de trabajos ocasionales, mientras que por la noche tocaba en varios bares y cafés del barrio. A veces Firpo tocaba a dúo con Bachicha u otras en un trío con Juan Carlos Bazán en clarinete y Francisco Postiglione en violín.

Roberto Firpo y su primer trío de Tango.

En 1907 fue invitado a tocar en La Marina, un lugar famoso en el barrio de La Boca.
 
Ese contrato aumentó su fama y derivó en su contrato temporal con otro prestigioso lugar de la escena tanguera, Hansen, en el barrio de Palermo, a razón de tres pesos la noche y permiso para pasar el plato (sombrero).
A partir de este momento, trabajó exclusivamente como músico.
Durante este tiempo presentó sus primeras composiciones: “El Compinche”, “La Chola”, y “La Gaucha Manuela”, estas dos últimas serían luego grabadas por Pacho, sumando el título del compositor a su ya excelente reputación como músico. .
 
En 1908, con su “Trío Firpo”, tocó en el “Café La Castellana” de la Avenida de Mayo, en el “Bar Iglesias” de la calle Corrientes 1400, en “El Velódromo” y “El Tambito” en el barrio de Palermo, y en el “Armenonville”, el famoso cabaret.
 
En “El Velódromo” (lugar cercano a Hansen), Bazán comenzó a tocar un toque de clarinete para atraer a la clientela que pasaba hacia Hansen’s.
 
El resultado fue que este último estaba casi vacío, mientras que “El Velódromo” se iba llenando.
 
Para solucionar el problema, el patrón del primero los volvió a contratar, ¡esta vez por la suma de dos pesos cada uno!
 
Más tarde, esa llamada de Bazán daría inicio a su tango “La chiflada”.

Max Glucksmann, propietario del sello de grabaciones Odeón en Argentina. Retrato.

En 1911 se incorporó a la compañía discográfica ERA de Domingo Nazca, “El Gaucho Relámpago”, acompañando a otros músicos en su piano y grabando solos de piano y duetos con un violinista.
 
Luego grabó brevemente para la compañía Atlanta y pronto pasó a la discográfica Odeón de Max Glücksmann.
 
En 1912, Firpo formó un trío con “El Tano” Genaro Espósito al bandoneón y David Roccatagliatta al violín, actuando en el café “El Estribo” de la Avenida Entre Ríos, donde antes había actuado Vicente Greco con Francisco Canaro. Casimiro Aín fue su bailarín estrella.
 
También formó un trío con Eduardo Arolas en el bandoneón y Leopoldo Ruperto Thomson en la guitarra. Esta formación evolucionaría en un cuarteto con Roccatagliatta y en un quinteto con Roque Biafore como segundo bandoneón. Thomson finalmente cambió la guitarra por el contrabajo.

Carlos Gardel y Razzano, en la época del famoso dúo. Foto con guitarra en manos de Razzano.

En 1913, mientras tocaba en Armenonville, el dúo Gardel-Razzano estrenó allí.
 
A partir de entonces, los cantantes se convertirían en grandes amigos de Roberto Firpo, con quienes luego trabajó en Odeón y realizó giras por Argentina.
 
En una gira de 1918, los cantores lo abandonaron una noche oscura y huyeron a Buenos Aires para presenciar la venganza de Botafogo y Grey Fox en el Hipódromo de Palermo.
 
Recordando aquellos días y las cosas que hacían Gardel y Razzano, Firpo dijo más de una vez: “Con esos bufones no se podía tener paz. ¡Me volvían loco!”.

Esa misma noche de 1913, Firpo estrenó sus composiciones “Sentimiento Criollo”, “Argañaraz” y “Marejada”.

Roberto Firpo y su orquesta grabando en el sistema acústico nuestra querida música del tango

Firpo era en ese momento uno de los compositores de Tango más reconocidos y celebrados. Por ello, la compañía discográfica Lepage Odeón de Max Glücksmann lo convoca para realizar sus primeras grabaciones.

Firpo iniciaría un catálogo de grabaciones en discos, sólo superado con el paso de los años por su colega Francisco Canaro.

Desde el piano dirigió un conjunto que contó con Bachicha en bandoneón, Tito Roccatagliatta en violín y Bazán en vientos.
 
En ese momento, grabar el piano con otros instrumentos presentaba desafíos porque el sonido abrumador del piano tapaba a los otros instrumentos.
Firpo pudo resolver el problema simplemente colocando los instrumentos en un orden que aún se mantiene en las orquestas típicas.
La ventaja que esto le dio a Odeón sobre otras compañías discográficas, además de su talento, es quizás la razón por la que Firpo logró una posición tan privilegiada en la grabadora.
 
Odeón se caracterizó en su momento por tener el mejor equipo técnico.
 
Odeón contrató a Firpo con un contrato de exclusividad: sería como el único músico grabando tangos con una “orquesta típica” para ellos.

Francisco Canaro grababa por entonces en el sello Era.

Tras el éxito de su tango “El Chamuyo”, un manager de Odeón habló con él sobre la posibilidad de grabar para ellos. Como Firpo tenía un contrato exclusivo, podía bloquear la grabación de otras orquestas.

Por eso Canaro empezó a grabar con un trío en el Odeón, e hizo un acuerdo con Firpo, “que consistía en pagarle seis centavos por cada disco que vendía grabado por mi orquesta” – contó Canaro.

Etiqueta del disco con la grabación

En 1914 llegó su mayor éxito: “Alma de bohemio”, que compuso para una obra de teatro del mismo nombre a pedido del genial actor Florencio Parravicini.

Otros tangos de Firpo son “Fuegos Artificiales” (compuesto con Eduardo Arolas), “Didí”, “El Amanecer” (primer ejemplo de música descriptiva en el género), “El Rápido”, “Vea Vea”, “El Apronte” , “La Carcajada” y muchos otros.

Fue también un apasionado cultor del vals, del que produjo gran cantidad, generalmente de mucha repercusión en la época: “Pálida sombra”, “Noche calurosa”, “Ondas sonoras”, “Noches de frío” y otras.

En 1916, en Montevideo, interpretó el que sería el tango de todos los tangos, “La Cumparsita”, de Gerardo Hernán Matos Rodríguez, que en ese momento tenía solamente dos partes.

Confitería La Giralda, de Montevideo, Uruguay, donde fue estrenado el famoso tango

Firpo, al estilo de la “Guardia Vieja”, compuso la tercera.

Tiempo después se arrepentiría de no haberlo firmado en conjunto: “¡los derechos de “La Cumparsita” reportaron millones!”

Sobre este tango fundamental, Firpo recordó: “En 1916, yo estaba en la Confitería La Giralda de Montevideo cuando un día llegó un señor acompañado de unos quince muchachos, todos estudiantes, a decirme que tenían una humilde marcha de carnaval, y querían que la mire y la arregle porque pensaban que allí había un tango.

Lo querían para esa noche porque lo necesitaba un muchacho llamado Matos Rodríguez. En la partitura, en dos por cuatro, aparecía un poco de la primera parte, y en la segunda parte, no había nada.

Conseguí un piano y me acordé de dos tangos míos compuestos en 1906 que no habían triunfado: “La Gaucha Manuela” y “Curda Completa”, y puse un poco de cada uno. Por la noche la toqué con Bachicha Deambroggio y Tito Roccatagliatta.

Fue una apoteosis, y todos festejaron a Matos Rodríguez.

Pero entonces el tango quedó en el olvido. Su gran éxito empezó cuando le adjuntaron la letra de Enrique Maroni y Pascual Contursi”.

Afiche publicidad anunciando la gran orquesta de Tango de los carnavales de 1917 en Rosario

En 1917, Firpo es contratado para los bailes del carnaval en el Teatro Colón de Rosario, formando la orquesta gigante Firpo-Canaro, integrada por: Roberto Firpo y José Martínez en pianos; Eduardo Arolas, Osvaldo Fresedo, Minotto Di Cicco, Pedro Polito y Bachicha Deambrogio en bandoneones; Francisco Canaro, Agelisao Ferrazzano, Tito Roccatagliatta, Julio Doutry y A. Scotti en violines; Alejandro Michetti en flauta; Juan Carlos Bazán al clarinete; y Leopoldo Thompson en contrabajo.

Esta orquesta alcanzó un gran éxito, por lo que fueron contratados nuevamente en 1918.

Luego tocó con su formación en la obra “Los dientes del perro”, acompañando a Manolita Poli cuando cantó “Mi noche triste”, letra que Pascual Contursi escribió para “Lita” de Samuel Castriota, y que sería el primer tango grabado por Carlos Gardel y considerado el primer tango lírico estructurado de la manera que se convertiría en lo clásico del Tango.

En más de una ocasión, Firpo compartió escenarios con el dúo Gardel-Razzano, además de aguantar sus incesantes bromas.

Una vez, cuando Firpo tocó el pasodoble “¡Que salga el toro!”, en el momento en que uno de los integrantes de la orquesta gritaba el título de esta canción en medio de la actuación, Gardel -usando sus dedos índices como cuernos- atropelló a los músicos, que cayeron al piso.

Más allá de estas terribles bromas, Firpo y Gardel-Razzano grabaron juntos una vez en 1917, el tango “El Moro”, aunque en la etiqueta Gardel y Razzano no aparecen, curiosamente, salvo -como es- como autores. ¿La venganza de Firpo? No. Lo que pasó es que no se planeó ninguna vocalización. Gardel y Razzano simplemente irrumpieron en la sala de grabación, y la broma, en este caso, consistió en cantar la letra de la canción, sorprendiendo a Firpo. La compañía discográfica editó el disco sin modificar la etiqueta del disco.

El éxito de Firpo también fue económico. Hizo mucho dinero por sus actuaciones, pero aún más por sus grabaciones y derechos de compositor.

En 1928 abandonó inesperadamente el Tango por un tiempo.

Explicó el motivo a Héctor y Luis Bates: “Con el dinero que recibí por las grabaciones me sentí como un ganadero. Todo lo que tenía lo invertí en la hacienda. En un año llegué a ganar un millón de pesos… Luego vino aquella tristemente famosa crecida del río Paraná que diezmó mi finca, quise resarcir tanta pérdida, y probé suerte en la bolsa de valores, fue en 1929. Allí perdí todo lo que me quedaba, tuve que regresar al trabajo que había hecho antes, formé mi orquesta y comencé de nuevo”.

Roberto Firpo sentado al piano componiendo nuestra música: el Tango.

También volvió a la composición, con un título elocuente: “Honda Tristeza”.

Firpo fue uno de los más excelsos músicos de Tango, de completa erudición musical. Sin embargo, mantuvo su obra dentro de la más pura escuela tradicional.

Algunos de los grandes músicos de tango que iniciaron su carrera con él incluyen a Eduardo Arolas, Osvaldo Fresedo, Pedro Maffia, Bachicha, Cayetano Puglisi, Horacio Salgán y muchos otros.

Por ejemplo, la primera actuación pública de Julio De Caro y el comienzo de su carrera fue con Firpo, cuando De Caro tenía solo 17 años.

Julio de Caro, violinista, director y compositor de nuestro querido Tango, con su violín corneta.

Sus amigos hicieron arreglos para que De Caro viera a Firpo tocar en el cabaret Palais de Glace, aunque De Caro no tenía la edad suficiente para ser admitido en un cabaret.

En ese momento, los niños no usaban pantalones largos hasta los 18 años.

Los padres les darían sus “pantalones largos” como admisión a la edad adulta.

Entonces, los amigos de Julio tuvieron que conseguir unos pantalones largos que fueran la credencial de tener la edad suficiente para entrar al cabaret, y una vez allí, durante la función de Firpo, su “barra” comenzó a gritar “¡Que suba el pibe!”.

Julio se unió a sus amigos en los gritos, sin saber que “el pibe” era él.

En resumen, sus amigos lo subieron al escenario; Firpo le pidió a su violinista que le diera el instrumento a Julio y le preguntó qué le gustaría tocar, a lo que De Caro respondió: “La Cumparsita”. Eduardo Arolas también estaba allí y quedó tan impresionado con la forma de tocar de De Caro que le pidió que tocara en su orquesta.

Roberto Firpo y Francisco Canaro, dos grandes figuras de nuestro querido Tango

La obra discográfica de Roberto Firpo es inmensa, y muchos títulos han quedado sin registrar. Durante la época de las grabaciones acústicas realizó más de 1650 discos y, al final de su carrera, allá por 1959, cerca de 3000 grabaciones.

Roberto Firpo fue uno de los primeros evolucionistas del Tango como director, intérprete y compositor.

En aquellos primeros días de la “Orquesta Típica”, instauró definitivamente el piano en la orquesta de tango, que desplazó a la guitarra. Aún así, su forma de tocar el piano tomó mucho de la forma de tocar la guitarra en el Tango y de la música criolla de los gauchos, por ejemplo, el “bordoneo”, técnica utilizada para embellecer la melodía con notas de sexta cuerda de la guitarra -la cuerda más grave, llamada “bordona”.

Roberto Firpo y su orquesta. Nuestra música. Tango.

Su orquesta fue un modelo que señaló el camino a seguir, auspiciando una tendencia que germinaría en futuras formaciones de tango.

Roberto Firpo, pianista, directo y compositor de Tango argentino. Retrato.

Como intérprete, poseía un estilo muy fino -como podemos escuchar en sus exquisitos discos solistas- y fue el primero en utilizar el pedal, que ofrecía una mayor resonancia.

Como compositor, introdujo en el Tango la emoción romántica, hasta entonces ajena al género.

Su personalidad tenía el mismo magnetismo que su obra – nos dice, nuevamente, Cadícamo.

Siempre fue generoso y gentil con todos.

Incluso en la cima de su fama y su fortuna, nunca hizo alarde de ella, siempre viviendo modestamente, teniendo todo lo que él y su familia necesitaban.

Falleció a los 85 años, el 14 de junio de 1969, luego de ser por mucho tiempo una gloria viva del Tango.

El Tango te espera. Vení a nuestras clases.

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El Tango hoy

El Tango hoy

Mural de tango en la ciudad de Buenos Aires, Argentina.

Me gustaría hacer una apreciación sobre la situación del Tango hoy (abril, 2023).
En relación a la música, cada vez se ha ido afirmando más la tendencia iniciada a fines de la década del 90 y principio del 2000, en la que los músicos jóvenes han revalorizado la relevancia del baile en el Tango como un todo, investigando los principios que dan forma a la manera de tocar el Tango de la Época Dorada, la gloriosa década del 40, dejando de lado las líneas trazadas por Ástor Piazzolla (véase la película documental “Si sos brujo”).
 
En cuanto al baile, se pueden observar el siguiente proceso:
  1. Primeramente hubo una preocupación sobre cuál podría ser la metodología apropiada para trasmitir el baile del Tango a todo aquél que quisiera aprender. Tengamos en cuenta que para los bailarines que se formaron antes del eclipsamiento del Tango (para lo cual es pertinente, a mi parecer, tomar el año 1955), la manera de aprender a bailar era lo que se puede denominar “casera” u “orgánica”, es decir, no tenían que buscar clases de Tango, sino que nacieron en un tiempo y un ámbito en el cual era natural y se esperaba de ellos que bailaran Tango. No se veía al Tango como una profesión, aunque no por ello se exigía menos en cuanto a la calidad de baile. Los primeros pasos pudieron haberse dado dentro del hogar, si los familiares ya bailaban Tango y lo transmitieron a los nuevos integrantes de la familia junto con todas las demás cosas de la casa, como comidas, horarios, creencias y valores.
Alternativamente, o en caso de comenzar en el hogar, los siguientes pasos se daban no muy lejos, con los amigos del barrio, en el club y en las prácticas, que eran lugares de investigación, creatividad y enseñanza colectiva, en los cuales todos aprendían de todos y los que se destacaban eran aquellos que podían mostrar mayor destreza, “picardía”, y transmitían e inspiraban emociones positivas (alegría, disfrute, etc.) a los testigos, que no eran otros que los mismos amigos del barrio concurrentes a las mismas prácticas, o los que los veían en los clubes de barrio una vez que comenzaban a asistir a las milongas. La amistad, en este caso, no los obligaba a una hipócrita aceptación y aprobación fácil, al contrario, obligaba a manifestar sin ambigüedades las valoraciones, sean ellas de aceptación o de rechazo, lo cual colaboraba a un mejoramiento general del nivel de baile. Hubo en aquellos tiempos “profesores de Tango”, algunos más o menos auténticos que otros, que enseñaban los pasos del Tango a aquellos que no pertenecían a ese circuito más natural y casero, y que contaban con el poder adquisitivo para pagar lecciones. También podemos encontrar intentos (exitosos comercialmente pero no en resultados de buenos bailarines), como el de Domingo Gaeta, quien, copiando a Arthur Murray de Estados Unidos, enseñaba a bailar el Tango por correo, enviando unas piezas de papel con huellas dibujadas, para que el estudiante las pusiera en el piso y pisara sobre ellas y así aprender los pasos del Tango.

Publicidad en el periódico sobre las clases para aprender a bailar el tango por correo de Domingo Gaeta.

2. La primera metodología que podemos encontrar a comienzos del “renacimiento” del Tango, a partir del regreso a la democracia en Argentina en 1984, es la que utiliza el denominado “paso básico”. Este método está relacionado con el lenguaje utilizado en la época dorada para poder comunicar los conocimientos necesarios para bailar de una manera más o menos racional.
 
3. Surge entonces un movimiento integrado por jóvenes bailarines que rechazaron la jerarquía que existía dentro de los ambientes de los bailarines que habían aprendido en la época dorada. Para estos bailarines formados en la época gloriosa del Tango, esta jerarquía se basaba solamente en la calidad de su baile y su experiencia, independientemente de las elecciones estéticas, siempre haciendo incapié en que “cada bailarín desarrolla un estilo propio”. Para bailar en las milongas se requería una calidad de baile y un entendimiento experiencial del Tango que estaba muy lejos del que podían poseer y desarrollar los nuevos bailarines (tengamos en cuenta que ese hiatus de casi 30 años que se produce entre 1955 y 1984, había producido una gran distancia entre los conocimientos y la experiencia de viejos y nuevos bailarines). Los nuevos bailarines, más jóvenes y resolutos, con valores ya diferentes a aquella generación, decidieron crear sus propios espacios, su propia metodología y su propio entendimiento del Tango, llamándose este movimiento “Tango nuevo”. Quien supo dar un lenguaje a esta nueva manera de entender el Tango, y al mismo tiempo mantener una continuidad con el Tango de la época gloriosa, fue Rodolfo Dinzel. Para Dinzel, el Tango como baile no era solamente “pasos”, sino que la historia y todos los conflictos que la habitan (luchas sociales, político-económicas, conflictos de género, etc.) que se encarnan en los bailarines y continúan cada vez que ellos actualizan una coreografía que no “es”, sino que “deviene”.  Aunque son muy pocos los que entendieron la profundidad de la visión de Dinzel, y mucho menos los que hoy reconocen su influencia, la metodología que él desarrolló para poder explicar el Tango a nuevas generaciones de bailarines tanto rioplatences como de todo el mundo, modificó para siempre el lenguaje físico-espiritual del Tango, actualizándo su interpretación a una época muy distinta de aquella de los años 40 y 50.
 
4. Otros movimientos surgieron en respuesta a la irrupción del Tango nuevo. Entre ellos, el estilo “milonguero” que ha sido asociado a la persona de Susana Miller, quien afirma ser la que acuñó esta denominación; el estilo salón, que fue centrándose alrededor de un grupo de bailarines que se auto-adjudicaron la denominación “estilo Villa Urquiza” por la situación geográfica de encontrarse los salones de baile a los que ellos concurrían en el barrio porteño del mismo nombre. Otros estilos pueden ser mencionados, aunque lo esencial es entender que en la época gloriosa del Tango el estilo era algo individual, y por ello, lo más pertinente sería hacer una lista bailarines y parejas destacados, lo cual dejo para otro artículo futuro.
 
5. La aparición del Campeonato Mundial del Tango, como un intento, consciente o no, de mantener la relevancia de Buenos Aires en un Tango que es “patrimonio intangible de la humanidad” y su globalización, junto a la fe en el economicismo de la predominante cultura anglosajona que la globalización ha difundido por todos los rincones del planeta, generando dos tendencias a mi entender igualmente superficiales en cuanto a la manera de valorar la significación del Tango: el Tango como profesión, es decir, como mi abuela Rita solía decir “por la plata baila el mono”, en que el valor de un bailarín se discierne en términos económicos o de potencial económico, de ahí que el interés de ganar un campeonato mundial se estima en los beneficios económicos que ello puede redituar en términos de publicidad, prestigio, e imagen. Por otro lado, el baile mediocre y sin emoción de los que bailan “para distraerse”, como un “hobby”, un pasatiempo superficial, sin interesarse por la calidad de su baile (aunque tampoco haya emoción en los “profesionales”, más allá de la actuación de las emociones requeridas para satisfacer al público). Recordemos aquí por un momento que aquellos que aprendieron a bailar antes del eclipsamiento del Tango no tuvieron otro interés que la íntima satisfacción de ser buenos bailarines. Ser buenos bailarines coincidía para ellos con una cierta sabiduría sobre la vida. Antes, el objetivo de bailar bien era llegar a ser “el rey del cabaret”; hoy es un fin más abstracto: ser campeón del “mundo”. Antes un bailarín era reconocido espontáneamente por sus pares en su propia comunidad, ahora necesita ser aprobado por el “control de calidad” de los jueces. El sistema de valoraciones del primer caso es más inmanente, orgánico y casero, más concreto y local. En el segundo caso proviene más de abstracciones trascendentes, supuestamente universales, y no pueden desligarse de los condicionamientos del capitalismo mundial, es decir, el dinero, y más específicamente, el dólar, que sería algo así como el campeón mundial de las monedas. Esta particular necesidad de aparecer como el ideal de bailarines ante la mayor cantidad posible de personas (el mundo entero), produce una superficialización del Tango. Se hace necesario apelar a un denominador cada vez más común, es decir, vulgar, para difundirlo. Se pierden así los elementos más íntimos y profundos del Tango. Pierde su pudor. Se desnuda, y así, se vacía. La gestualidad es cada vez más ensayada, y por lo tanto pierde espontaneidad y honestidad.
En cuanto a la poesía del Tango, se encuentra completamente ausente, en un mundo ausente de poesía. En palabras de mi amigo y maestro, el excelente bailarín y milonguero Blas Catrenau: “¿Qué pueden escribir los poetas de hoy en día?” “¿Mi celular se quedó sin batería y no puedo enviarte un WhatsApp?” 🤣

El Tango te espera. Vení a nuestras clases.

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Historia del Tango – Introducción

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El Cachafaz y Carmencita Calderón - Legendarios bailarines de nuestro tango

El Tango es un baile que se originó en los barrios pobres de las principales ciudades de Argentina y Uruguay en la segunda mitad del siglo XIX.
Representa la mezcla cultural de los inmigrantes y la población establecida.
Por ejemplo, en 1800 Buenos Aires y Montevideo tenían una población del 25% a más del 50% de africanos cada una.
 
Eran sirvientes de las familias más influyentes de estas ciudades. Estaban más integrados a la vida de estas familias y de la sociedad en general que los africanos de otras sociedades como la norteamericana.
 
“Tangos” fueron llamados los festejos y lugares de reunión de los negros desde principios del siglo XIX. Es en estos lugares donde la danza conocida hoy como Tango inició el desarrollo de su coreografía y música.
Otros términos africanos directamente relacionados con el Tango son “milonga” y “candombe”.
“Milonga” es una expresión quimbanda (una religión afrobrasileña y afrouruguaya) que significa “palabras”, con la cual se hacía referencia originalmente a una especie de duelo entre dos cantores llamados “payadores” que tocando la guitarra, improvisaban versos octosílabos con una estructura tipo pregunta/respuesta, denominada “payada”. A su vez, “candombe” es una palabra bantú que se refería inicialmente a los ritmos y bailes que hacían los africanos en sus encuentros de tango, a estos encuentros, y al lugar donde se realizaban.
 
Cuando les fue otorgada la libertad a los afro-argentinos en 1853, crearon varias asociaciones -especie de sindicatos- de ayuda mútua, y las situaron principalmente en la zona del barrio de Montserrat. Durante los carnavales salían a la calle con trajes de colores vivos y grandes sombreros de plumas, bailando muchas horas al ritmo monótono del candombe, la música que tocaban en estos eventos. Distintas asociaciones compitieron por la supremacía, lo que derivó en sangrientos incidentes callejeros.
 
La repetición de la violencia obligó a la policía a cerrar muchas de esas asociaciones en 1877. Era el fin del carnaval de los negros. La consecuencia fue la creación de varios centros de baile donde desarrollaron una especie de baile en pareja llamado “tango” usando los mismos elementos coreográficos que usaban antes en sus candombes. Pero ese Tango no fue un baile de pareja abrazada. Lo bailaron separados.

El gaucho

Otra influencia en los orígenes del Tango proviene de un personaje típico de la pampa argentina: el gaucho.
El “gaucho” es producto de la mezcla entre los primeros españoles que llegaron a las tierras que luego llamaron Argentina, y los nativos. Eran muy hábiles en las técnicas necesarias para sobrevivir en el campo. Les gustaba vivir lejos de las ciudades y poblados, no tenían trabajos regulares, ocasionalmente eran contratados por los dueños de las estancias y conocían los secretos de la esgrima de cuchillo y la equitación.
 
Tenían una fuerte moral de independencia y, si era necesario, se enfrentaban a la policía arbitraria de esos tiempos. Estos “gauchos” tuvieron una participación fundamental en las luchas de emancipación contra el Reino de España. Simbolizaban los ideales de autonomía, coraje y justicia sin arbitrariedad.
 
Tras la Constitución de 1853, las ideas de modernidad y progreso empiezan a perfilar el nuevo país. El “gaucho” no encajaba en este proyecto y empezó a sufrir persecución. Las tierras por donde andaba el gaucho fueron confiscadas y entregadas a otros. Al no tener otra opción, se mudaron a los suburbios pobres de la ciudad y consiguieron trabajos como carniceros, arrieros, domadores de caballos o conductores de carros. Entonces, el gaucho sufre una metamorfosis, abandonando el caballo, acortando su cuchillo para ocultarlo mejor porque no estaba permitido en la ciudad, cambiándose de ropa y adquiriendo el nuevo nombre de “compadre”; pero aún mantiene los mismos ideales de justicia, independencia y valentía.
Sus nuevos vecinos comenzaron a admirarlo y, a menudo, acudían a él en busca de protección o consejo. Los jóvenes de estos barrios pobres comenzaron a imitar las actitudes de los compadres y pronto fueron llamados “compadritos”, con un tono despectivo.
Aunque el gaucho, transformado en compadre, llevó la milonga a los barrios bajos, no la bailó. Sus herederos, los compadritos, sí la bailaban.

Tomaron las coreografías de otros bailes de otros lugares y bailaron en el puerto de Buenos Aires y Montevideo, como la polca, la mazurca, el vals y la habanera, y bailaron con estos movimientos al son de las milongas. Además, incorporaron elementos de las danzas de los negros, de sus tangos, la mayoría de las veces con sarcasmo racista.
Esto originó una forma de bailar llamada “cortes y quebradas” y un género musical llamado “tango” o “milonga” indistintamente.
Cuando estos bailes llegaron al puerto de Buenos Aires en la segunda mitad del siglo XIX, la técnica del abrazo se conocía como “baile a la europea”. Los compadritos adoptaron esta técnica y la incorporaron a los movimientos que tomaron de los tangos africanos. Hasta este momento, todas las danzas abrazadas eran de movimiento continuo, lo que significa que una vez que la pareja comienza a moverse, no se detendrá hasta el final de la canción. Por otro lado, los tangos africanos y las otras danzas no abrazadas utilizan “figuras”, lo que significa que uno o ambos bailarines de la pareja se detendrán repentinamente y tomarán una posición llamada “figura”.
 
Para unir estas dos formas diferentes de bailar, el abrazo y las figuras, los compadritos tuvieron que profundizar en la técnica del abrazo y crear la técnica del “abrazo cerrado”. Antes del Tango, había espacio entre las parejas en todos los bailes abrazados. Con el Tango, ya no hay espacios intermedios dentro de la pareja.
 
El Tango incorporó la técnica del abrazo cerrado que permite las “figuras” en el baile abrazado: un compañero se detiene mientras el otro sigue moviéndose, o ambos se detienen repentinamente por un momento y reinician el movimiento unos momentos más tarde. El abrazo cerrado fue suficiente para que el Tango fuera desaprobado por la sociedad “respetable”.
 
Además, a los compadritos les gustaba jugar con el escándalo y con actitud burlona y despreocupada hacían movimientos provocativos en el baile para diversión de unos y escándalo de otros.

Immigrants arriving to the port of Buenos Aires after 1953

La Constitución de 1853 abre la Argentina a la inmigración.
Millones de inmigrantes, principalmente italianos y españoles, llegaron al país y lo cambiaron radicalmente.
Así, el Tango también es influenciado por la inmigración. Su ritmo se hizo más lento, y sus melodías adquirieron un sabor nostálgico, contrastando con su actitud bromista original. Su coreografía también cambió, dejando su carácter provocador y ordenando sus figuras. Se incorporó a la música del Tango un instrumento novedoso, el bandoneón, creado en Alemania, que encajaba perfectamente con la nueva forma del Tango. Pronto, el bandoneón se convirtió en el instrumento musical icónico de la música de Tango.
 
Todo esto preparará al Tango para su aceptación en los salones de baile europeos.
1913 fue el año de su mayor popularidad en París.
Esto aseguró el regreso de nuestro Tango a la Argentina, su país natural, por la “puerta grande”. Rechazado antes por la alta sociedad como producto de los barrios marginales, las “orillas” y “arrabales”, se hizo elogiar entonces por todos gracias a su fama internacional. Todos querían aprender a bailar Tango en este momento. Solo la Guerra Mundial de 1914 detuvo la popularidad de este baile en Europa, pero solo por un tiempo.

Carlos Gardel, legendary Argentine Tango singer, with musicians, colleagues and friends

Unos años más tarde, en 1917, un cantor de estilo campero incluyó en su repertorio el primer tango con letra, creando así la forma de cantar los tangos.
Este hombre fue Carlos Gardel, y aunque murió en 1935, aún reina como modelo del cantor de tangos gracias a sus 1500 discos.
La Primera Guerra Mundial, la crisis de la posguerra y la encandilante presencia de Carlos Gardel eclipsaron al baile del Tango por un tiempo. Este fue el período de la popularidad del “tango-canción”, concebido para escuchar, pero no necesariamente para bailar.

Carlos Gardel, legendary Argentine Tango singer, with musicians, colleagues and friends

Simultáneamente, se gestaba una renovación del Tango instrumental, de la mano del violinista Julio De Caro.
Este, con su formación académica, aportó al Tango lo que no habían podido darle sus intuitivos músicos primordiales.
 
En 1937 Juan D’Arienzo incorporó a su orquesta al pianista Rodolfo Biagi y con un ritmo rápido y juguetón que recordaba los orígenes del Tango, comenzó a atraer de nuevo a miles de bailarines a los salones de baile.
La aceptación de esta orquesta fue tan significativa que otras orquestas comenzaron a imitar su ritmo característico.

Carlos Gardel, legendary Argentine Tango singer, with musicians, colleagues and friends

En este punto, el Tango era una expresión artística ya madura.
 
Su música, su danza y su poesía alcanzaron su apogeo y se siguieron desarrollaron durante la década de 1940 en lo que se conoció en Argentina como la Edad de Oro del Tango.
Durante estos años, el Tango se definió en la forma en que lo conocemos hoy.
Tres décadas de dictaduras hicieron que el Tango se desdibujara en la vida argentina, especialmente el Tango como danza, pero no fue suficiente para desaparecer. 1984 fue el año en el cual volvió la democracia a la Argentina, y también fue cuando revivió el Tango.
La aceptación mundial de la música de Astor Piazzolla, quien supo integrar el Tango a otras expresiones musicales como la música clásica, el jazz y el rock, incorporando instrumentos electrónicos; el triunfo en Rusia de Julio Bocca, bailarín argentino de renombre internacional que bailó al son de la música de Piazzolla; y el gran éxito en Broadway del espectáculo “Tango Argentino” que presentó a los más destacados bailarines de Tango de escenario de la época; todo esto, más la libertad de expresión que trajo la democracia a los argentinos, hizo posible lo que todavía vemos hoy: una fuerte presencia del Tango no sólo en Argentina, su país natal, sino también en el mundo entero.

¿Por qué el Tango triunfó en todo el mundo?

No es fácil encontrar una respuesta absoluta. Aún así, tal vez tenga que ver con la necesidad de expresión, y el Tango es un baile donde se puede expresar toda la gama de sentimientos humanos: alegría, nostalgia, pasión, ingenio y mucho más…

Bibliografía:

“Crónica general del Tango”, José Gobello. Editorial Fraterna, Buenos Aires,   1980.

“La historia del Tango”, tomo 2 “Primera época”, Roberto Selles y León   Benarós. Editorial Corregidor, Buenos Aires, 1977.

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Consideraciones sobre el valor del Tango

Consideraciones sobre el valor del Tango

Bailando Tango, Marcelo Solis y Mimi en milonga Parakultural, octubre 2022

Tengo el agrado de compartir con ustedes algunas reflexiones sobre el valor que le damos al Tango y a milonguear, del lugar que adquiere (o le permitimos adquirir) en nuestras vidas, como milongueros, profesionales, docentes, estudiantes, etc.

Estos pensamientos tomaron la forma aforística y diferentes enfoques: directo, metafórico, filosófico, en forma de diálogos con un interlocutor más o menos imaginario o real, como un juego, y como poesía.

1

No se puede bailar bien el Tango si no se hace de ello una prioridad. Muchos creen que priorizan bailar Tango, pero en realidad lo que hacen es mantenerse en las orillas de este. Proponerse la tarea de bailar Tango implicaría quizá una crítica profunda de la propia manera de vivir, nuestros prejuicios en relación a lo que consideramos valioso: un tiempo eficiente, productivo, que nos enriquece de una manera que puede “objetivamente’ medirse, contabilizarse a través del dinero, que resulta apreciado por la mayor cantidad de personas y podría contarse con la cantidad de “me gusta” recibidos, por la cantidad de votos obtenidos, por los premios ganados, por el número de participantes en una clase o una milonga, o un evento cualquiera, o por la cantidad de tandas bailadas en una milonga; por oposición a un tiempo bello, profundo en emociones complejas y sutiles, sutilezas y profundidades no accesibles a todas las sensibilidades, sino solo a los que poseen suficiente coraje y gusto por la aventura, por los descubrimientos poderosamente transformadores, de los cuales seríamos quizás los únicos protagonistas y testigos. Claro que es entendible que para la mayoría, para los cuales lo sutil y complejo es algo problemático, las cantidades objetivas y las ganancias monetarias resulten tranquilizantes confirmaciones de las propias creencias y prejuicios.

Sin embargo, me animo a expresar mis dudas acerca de si es realmente posible bailar en general, y bailar Tango en particular –considerando al Tango como la única manera que todavía nos queda para bailar por entero– sin realizar una investigación y una crítica de nuestras asunciones y prejuicios en relación a la manera en la que concebimos nuestras vidas. Por ejemplo: el prejuicio de que aquello que no produce ganancias económicas importantes es algo de poco valor.

2

La mayoría se siente culpable por disfrutar. Considerar que lo que no implica sufrimiento no tiene valor, o su valor es negativo, es otro prejuicio.

La profunda alegría que produce el Tango para los que lo disfrutamos, no es, sin embargo, el objetivo final que nos hace bailarlo. Esa alegría es un producto secundario. Es la sensación que produce todo lo que permite volvernos más fuertes y más sabios, más seguros de nosotros mismos y de nuestra originalidad.

3

En nuestras vida cotidiana siempre estamos tratando de hacer caber más y más acciones en el menor tiempo. De ahí, probablemente, provenga el hábito de tratar de poner demasiados pasos y adornos en nuestro baile.

4

Un académico estudia su materia, un religioso estudia su libro sagrado.

El que baila Tango estudia su cuerpo, la música, la cultura del Tango, entrevista en un marco de amistad a los milongueros más expertos para indagar en la experiencia subjetiva de aquellos que lo bailaron desde mucho antes y le dedicaron sus vidas.

5

Con el Tango se demostraría que la música, para ser bailable, no necesita ser superficial.

6

Bailar Tango es bailar bien, y eso no es algo que se logre con cualquier persona. A lo sumo, cuando la persona con la que bailo no me permite bailar bien, me puedo proponer “bailar lo mejor posible”. En este caso, la experiencia de bailar queda degradada, no llega a ser bailar Tango.

7

El baile es una proposición de verdad que puede ser siempre refutada, contradecida, mejorada, o parcialmente modificada por otro baile. La verdad aquí significa una manera de vivir, una respuesta a la pregunta “¿Cómo vivir?”.

8

Tu baile puede presentarte a vos mismo tu propia manera de querer y de vivir, tus ideales, tus valores, como si fueras otra persona que te estuviera viendo –algo así como la impresión que te dio verte en un video por primera vez–, y si estás de acuerdo con ello, si estás orgulloso o avergonzado de ello, y en consecuencia, si estás orgulloso o avergonzado de tu vida. Luego, te permitiría revisar tus valores, cambiarlos si lo considerases sinceramente necesario, o cambiar tus sentimientos en relación a tus valores. Te puede quizá inclusive permitir revisar y restablecer tu honestidad respecto de vos mismo.

9

Aprender a vivir sería quizás aprender a bailar con el mundo. Manejar los tiempos de modo no mecánico: con emoción. No apurarse. No perder la paciencia. No estresarse. Lograr moverse siempre con elasticidad, suavidad y control. Equilibrio en todos los aspectos. No agotarse. Llegar al final del día o de cualquier actividad con un final elegante.

10

Ser un buen bailarín implica una búsqueda de cada vez mayor equilibrio, control y soltura en tus movimientos, tanto en el aspecto físico como en el espiritual. Bailar podría conducir a una consciencia mayor acerca de tu propio cuerpo. Esto repercutiría en una preocupación por desarrollar hábitos cada vez más saludables, y así desarrollar una relación más equilibrada con la gente que te rodea y contigo mismo. Bailar podría significar conocerte mejor a ti mismo y a las personas en general. Bailar Tango sería entonces continuamente aprender a ver la vida desde la perspectiva de una persona que baila. Bailar Tango sería algo así como bailar tu vida.

11

Todo lo que incorporamos –lo que permitimos que nos alcance–: los alimentos, las personas que dejamos participar de nuestras vidas, lo que leemos, la música que escuchamos, nuestros hábito adquiridos, etcétera, nos constituye y daría forma a todo lo que hacemos, incluyendo nuestra manera de bailar.

12

La agilidad hace posible la espontaneidad.

13

Así como ser feliz no es la representación de ser feliz, bailar Tango no es la representación de bailar Tango.

14

¿Qué es bailar bien? No hay respuestas objetivas que lo determine. Solamente podemos referirnos a las emociones que nos produce.

15

Sentido de realidad generado gracias al baile del Tango a travez de la inevitabilidad del cuerpo. Esto es opuesto a la realidad virtual. Sin embargo, hay posibilidades de engañarse también en el Tango. Por ejemplo: los pasos memorizados, enfocarse en lo adyacente del Tango (lo sexual, lo emocional, lo irracional o lo racional, etc.) dejando el cuerpo real –el cuerpo que puede soportar una pelea– eclipsado, oculto, pospuesto, evitado, eliminado.

16

El problema que aparece cuando no tenemos fortaleza y elasticidad internas es que tensionamos la musculatura exterior, perdiendo elasticidad, llevando la estructura ósea hacia una rigidez frágil, volviéndonos espiritualmente inseguros y vulnerables. La rigidez corporal es también rigidez espiritual.

17

Bailar es un continuo superarse. Bailar –en su sentido más profundo– sería quizá devenir el ser del devenir, deseando y actuando para que a cada instante nuestro baile sea mejor, más bello, más convincente y profundo.

18

Sobre mirar a la pista de baile. Mirar bailar. Al principio no vemos nada. Poder bailar -saber bailar- aumentaría con esa capacidad para ver y entender lo que acontece ahí. Para mirar también habría que saber estar solos. El miedo y/o la incapacidad de estar solos quizá no nos permite mirar. No mirar es no verse. ¿Por miedo?.

19

Es posible que nos perdamos en las infinitas superficies que nos ofrece el Tango y que nunca exploremos su profundidad. Cuando descubrimos el Tango, descubrimos al mismo tiempo que hay algo bello, profundo, misterioso y excitante en nosotros. Sin embargo, podría ser muy fácil quedarse allí, en ese encandilamiento inicial, y no animarnos a continuar más allá, hacia el interior del Tango mismo, y de nosotros mismos, quizá porque encontremos aterradores estos dos abismos, estos laberintos en los cuales lo más probable es perdernos y nunca más volver a salir. Lo cierto es que una vez allí, el laberinto nos revela que lo esencial de nuestra vida humana es quizás laberinto, abismo.

20

No fines objetivos sino subjetivos son los que deberíamos perseguir respecto del baile.

No bailamos de la misma manera. Para cada uno de nosotros bailar significa cosas diferentes. Diría que para mí el baile puede ser una forma de realzar mi humanidad.

Yo no diría que tengo razón en lo que respecta a bailar Tango (o cualquier baile), solo que como no estamos de acuerdo, prefiero no discutir sobre esto porque, y por lo que veo en tu forma de bailar, no creo que tengas nada que decir en contra de mi opinión.

Sin embargo, si lo deseás, me complacería compartir con vos mi comprensión de lo que es bailar.

Esto es algo que no puedo explicar solo con palabras, porque las palabras no pueden captar más que una parte muy superficial de ello.

No pretendo aquí poseer ninguna verdad, solo que podría haber logrado algo con respecto a mi baile que puedo considerar exitoso, algo que no es un logro hecho y asegurado, sino algo que debe lograrse de nuevo todos los días, cada vez.

Tal vez tengo una comprensión más profunda de lo que es o significa bailar, o tal vez no. Quizás te gustaría saber más sobre mi enfoque, o quizás no te importe. Lo único que podemos dar por cierto son nuestros bailes, cada uno de ellos, en el momento en que estamos bailando.

Quizás sos una persona profunda. Lo que está pasando aquí es que no estás asignando el baile, sin embargo, el estado de profundidad que yo veo en él.

¿Es que mi enfoque contradice mi alegría, mis sonrisas, mis risas, mi ligereza mientras bailo? Yo argumento que no. Reír y bailar son las cosas realmente serias en la vida humana. Bailar y reír es donde comienza la seriedad.

Nunca deberías preguntar por qué alguien no baila con vos. No es de buen gusto. No hay razones objetivas. El gusto y el baile pertenecen al reino de lo subjetivo.

Podrías estar de acuerdo conmigo en palabras; pero más verosímil sería tu conformidad manifestada en tu compromiso con tu baile.

No pretendo poseer la verdad aquí. El baile es un verdadero extraño a la verdad.

No puedo convencerte. Estarás de acuerdo conmigo solamente en lo que ya estás de acuerdo contigo mismo.

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Quizás la mayoría hace los movimientos pero aún no baila Tango.

Emociones: la subjetividad en la danza.

Los movimientos: lo objetivo.

Algo que realmente no podés fingir. Es visible en todo tu ser, tu postura, tus movimientos. No es lo que estás tratando de mostrar a través de tu rostro.

Hay emociones que pueden entrar en conflicto con el baile: ansiedad, enojo, miedo, vergüenza…

Las emociones no provienen solamente de vos. Las emociones, al menos en el Tango, que es lo que aquí nos ocupa, tienen raíces no sólo en vos, sino también en tus relaciones y tu posición frente a ellas, es decir: la milonga como sociedad, tu/s maestro/s, tus alumnos, tus compañeros, con los que te juntás en las milongas, etc.

No es lo mismo ser un completo desconocido en un grupo, como el Tango, que tener amigos que se preocupan por vos, maestros que te animan y te ayudan a ser un buen bailarín –porque eso es exactamente lo que un maestro quiere de sus estudiantes. Estoy hablando aquí de la comunidad de Tango como un todo, no en un sentido localizado, como la comunidad de Tango de Buenos Aires. Si el maestro/a que tomás clases en Buenos Aires no está en esa milonga o comunidad local de la que sos parte, aún así su aliento y amor por el Tango moldea las emociones de tu baile.

Tu maestro se preocupa por vos como ser humano. No se trata de que hagas movimientos “perfectamente”. Se trata de ser capaz de expresar y explorar tu humanidad.

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Al final, todos los enfoques subjetivos de la danza serían juzgados cuando todos estemos bailando o no, y cómo, en dos, cinco, diez o más años.

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El tiempo juega a mi favor. Puedo mejorar mi baile. No importa cuanto espere para bailar con esa persona con quien quiero bailar.

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¿Usted no baila? Entonces usted puede tomar en sí cantidades descomunales de stress; puede privarse de dormir, puede comer mal, muy mal… Total, si no va a bailar, ¿qué le importa su cuerpo y su salud, que le importa su espiritualidad y su profundidad?.

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En contraste con el arte mercantilizado, un arte mistongo, honesto, íntimo, que espiritualiza el cuerpo, y lo festeja.

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